martes, diciembre 01, 2009

Día de días

Nunca iba a ser más joven; quizá algo más viejo, pero no era seguro. Su cuerpo contaba menos que la mente.

Se levantó a las seis y media, como siempre. El frío lluvioso en la calle. En la radio el barroco. Y café.

Arrancó el motor del coche, cruzó el Puente para llegar al trabajo. Se entregó a la rutina. Iba a vivir el mismo día repetido. Pero, el escenario que dibuja el ánimo puede diferir tanto de un día a otro, de una rutina a la misma, que todo, lo máximo y lo ínfimo, puede transformarse, retorcerse. O intercambiar su sentido.

Aunque adoraba la sensación de flotar, flotar sobre el agua, sobre el tiempo, sobre los sueños, en ese momento tenía motivos de sobra para sentir el suelo firme bajo los pies.

No podía pedir más de lo que deseaba, por ser como era; ni podía desear más de lo que tenía, habiéndoselo ganado a la arena del reloj grano a grano.

Por eso se había embutido bajo la camisa y el foulard que su amadísima amante le había comprado en la elegante tienda al final de la Strada Nova.

Porque era su cumpleaños. ¿Uno más? El primero distinto. Sólo por eso.



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viernes, noviembre 27, 2009

Estupefacientes (XVIII). La música (4)


Tratando de recuperar su equilibrio relativista, ese analgésico savoir faire made in England, recurrió de nuevo a sus fetiches: el sabor de la Tanqueray con limón, la noche cálida, el balcón abierto a la vida de agosto con su sillón favorito… La luz oscura de la calle iluminaba el remate con la creciente y la estrella situado en una de las esquinas del salón, como una llamada de otro mundo. Pero, él no veía mucho en ese momento, absorto como estaba en el scherzo del segundo movimiento del único Concierto para piano y orquesta que compuso Alexander Scriabin. Fácil elección para un adicto a la melancolía, droga dura donde las haya: nada mejor que un ruso para meterse uno de los habituales chutes de melancolía, para regodearse bien con un buen dolor espiritual en medio del subidón lánguido y yermo.

Había en su discoteca numerosos opus de autores de las más diversas nacionalidades a cuál más apropiado para estar presentes en esa clase de desarreglos morbosos. Qué decir de un Mahler, un Liszt, un Berlioz o incluso un Sibelius, por citar algunos bien conocidos por sus altavoces; pero, cuando la tempestad íntima arreciaba, nada como los rusos para maltratarse durante unos cuantos movimientos, calmando los dolores que la vida pone en el camino día a día —y noche a noche— o atemperando la algidez producida por el pesimismo funcional. Por esa razón, reservaba su tríada de divinidades filarmónico-neuróticas, Tchaikovsky, Shostakovich y Scriabin, cuando quería paladear al máximo esa dosis de embarrancamiento anímico, cuando llegaba, en su cénit, incluso a notar un cierto dolor físico en una zona indefinida del cuerpo, entre los pulmones y el bazo, tirando hacia el esófago; una zona escurridiza y volátil donde los sabios medievales localizaban el alma.

Así permaneció, impregnando hasta la última vena de ginebra, recuerdos y una figura temática descendente que estaba llegando a la fuga del allegro final, cuando sonó el teléfono. Contrariado, muy contrariado por el estropicio artístico y la interrupción del drogado emocional, estuvo a punto de coger el teléfono para arrojarlo por el balcón. Pero, después de contar hasta diez, descolgó.

Kismet, capítulo XVIII.




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miércoles, noviembre 25, 2009

25 de noviembre

Hoy, sin más, recomiendo Tres de azúcar.

Refleja, como dice Noemí, «cómo es la violencia cotidiana, el machaque, el desprecio, el insulto, la tortura china de la gotita que cae y cae y te horada el cerebro y te lo anula».





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domingo, noviembre 22, 2009

Más lecturas atrasadas

Sigo con la puesta al día de las últimas buenas lecturas que he podido arrancarle al tiempo.

Revista Trama y Texturas

Mi revista cultural favorita llega a su número 9 en forma de carambola. Como es costumbre, sus contenidos se ordenan con títulos que hacen referencia a algún tema concreto, y en este caso ha sido el medio de vida habitual de El Buscavidas.

¿Será intencionada esa relación entre el modo de vida paralegal y precario y el mundo del libro? ¿O será mero fruto de la calenturienta imaginación de este servidor de ustedes?



En todo caso, les dejo aquí el índice de su contenido para que juzguen por sí mismos. O, si prefieren el estilo radical, al estilo de Baroja: «Dejemos las conclusiones para los idiotas».

01_RETACADA Editorial

02_CARAMBOLA

Siempre que estoy a punto de publicar un libro Mark Twain

03_RESBALAMIENTO

Esta cultura en esta crisis Pedro A. Vives

Bienvenida la crisis Guillermo Schavelzon

Falsos dilemas Alejandro Katz

Tres crisis en una: el periodista cultural (y 2) Esteban Hernández

De cómo la digitalización ayudará al sector editorial a llegar al territorio del gran consumo Ana Rubín y Felipe Romero

La edición académica: de texto a libro Federico Ibáñez Soler

04_CUADRAJE

El paseo de la Consolación Íñigo García Ureta

05_RECORTE

Un “thriller” en diez capítulos Robert McCrum

Ser libro Adolfo García Ortega

El verdadero avatar del libro electrónico Javier Candeira

06_CABAÑA Libros y blogs



El de los libros

Mientras reseñaba el número de la revista anterior me ha venido a la mente un delicioso relato de Zweig que saboreé lentamente y con fruición a finales del verano. Mera asociación de ideas; aunque también influirá el hecho de que uno de los editores de la revista reseñó dicho relato tiempo atrás.

Mendel el de los libros, de Stefan Zweig.
Título original: Buchmendel.
Traducción de Berta Vias Mahou.
Acantilado Editorial, 2009.



Una situación imprevista lleva al narrador, del que nada y mucho se dice, al Café Gluck, que visitó mucho tiempo atrás. Tirando del hilo de los recuerdos, del porqué de su visita a dicho café, nos presenta a Jakob Mendel, un viejo judío ruso que se convirtió en una leyenda en la Viena de entreguerras por sus conocimientos sobre catálogos de libros y su memoria prodigiosa. Describe el gran valor personal de este librero sui géneris (su despacho es un velador del Gluck) y lector compulsivo, contando su historia y sus hechos.

Poco después de estallar la Gran Guerra, Mendel acaba siendo detenido y deportado a un campo de prisioneros durante dos años, acusado de traición al Imperio, tras lo cual acaba siendo sólo una sombra perdida de su pasado en espera de un final inevitable. «Mendel ya no era Mendel, como el mundo ya no era el mundo».

La prosa de Zweig en esta parábola del pueblo judío y su destino final es neta, cristalina, sin filigranas, pero elegante y humana. Un modelo.

Como señalan en El placer de la lectura, Mendel el de los libros «es un cuaderno breve de rápida y apasionada lectura recomendable para cualquier persona que sienta aprecio por el género humano». Y pasión por los libros, añadiría yo.

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lunes, noviembre 16, 2009

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los Lestrigones ni a los Cíclopes,
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.




Poema: Ítaca, de Constantino Cavafis. Traducción de Pedro Bádenas de la Peña, Poesía Completa, Alianza Editorial, 2003.


Fuente de la foto.

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viernes, noviembre 13, 2009

Isbiliya

Para Mita, por su cumpleaños, y para todas mis lectoras sevillanas.



Sevilla es una torre
llena de arqueros finos.
Sevilla para herir.
Córdoba para morir.
Una ciudad que acecha
largos ritmos,
y los enrosca
como laberintos.
Como tallos de parra
encendidos.
¡Sevilla para herir!
Bajo el arco del cielo,
sobre su llano limpio,
dispara la constante
saeta de su río.
¡Córdoba para morir!
Y loca de horizonte,
mezcla en su vino
lo amargo de Don Juan
y lo perfecto de Dioniso.
Sevilla para herir.
¡Siempre Sevilla para herir!
(Federico García Lorca)


Poema: cortesía de Wodehouse.

Música: Sevillanas, Clara Montes.
Letra de Antonio Gala, música de Paco Ortega.


Imágenes propias tomadas entre los años 1998 y 2000.

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miércoles, noviembre 11, 2009

Berlin 10119

«La familia Brecht desconoce poseer algo por lo que tanto un poderoso mafioso de la antigua nomenklatura comunista de la Alemania Oriental reciclado al capitalismo más salvaje, como un rico exiliado ruso opositor a la camarilla de poder que gobierna en Rusia, e incluso el propio servicio secreto ruso (FSB, antigua KGB) no dudarán en asesinar a quien haga falta sin escrúpulo alguno. Ese algo es la joya más codiciada de los últimos cien años y que guarda en su interior un secreto largamente buscado. Y a mí, que no paso por mi mejor momento, me toca desentrañar el caso aún a riesgo de mi vida».

Así describe el personaje protagonista la trama de esta su segunda novela. Y lo describe en su propio blog.


Dorón Benatar, Berlín 10119, de Aída Berliavsky.
Ed. Autopublish, Madrid 2009.


En su día reseñé el primer libro que Aída Berliavsky, escritora mexicana residente en España, publicó con el título Dorón Benatar y el libro de los nombres muertos, (El tercer nombre, Madrid 2008).

Me complace poder reseñar ahora el segundo libro de Aída como uno de los libros amigos de este blog, que es también la segunda novela con Dorón Benatar como protagonista. Dorón Benatar es un doctor en Filosofía y Letras, treintañero, madrileño y judío, al que los avatares de la vida han conducido a convertirse en detective privado; eso sí, detective existencial, por aquello de su formación filosófica.

Siguiendo la línea anterior, la acción se ve salpicada con cuentos tradicionales de la tradición oral judía y con los preparativos de boda del primo de Dorón, David Horowitz. Tanto la familia Benatar como la familia Horowitz, venida de México, se desplazan en pleno a Melilla para la boda, ya que la novia es una joven judía melillense que desea casarse en su tierra siguiendo las antiguas tradiciones sefarditas de un casamiento al estilo berberisco.

Por otra parte, la madre del detective le pide como favor que ayude a una buena amiga, Esther Brecht, a investigar la actual situación y titularidad de la casa que la familia Brecht abandonó precipitadamente huyendo de Berlín Este la noche anterior a que el Muro se empezara a levantar. Dorón acepta el compromiso a regañadientes y viaja a Berlín para interesarse por la propiedad, pero descubre que la casa ya no existe y que sobre ese terreno se construye ahora un edificio de oficinas de lujo porque el lugar ha obtenido una enorme plusvalía. También descubre que el actual propietario es una empresa perteneciente a un miembro del antiguo partido comunista gobernante. Esa misma noche el detective es asaltado al igual que su habitación de hotel. Poco a poco, Dorón descubre que otras personas se interesan por la casa y buscan algo de un valor incalculable que llevaba encima el padre de su clienta el día que escaparon a la zona oeste.

El resto, claro está, lo dejo a la amena e interesante lectura, ahora que en estos días Berlín vuelve a ser de nuevo el símbolo del mundo libre.

Más datos sobre la novela y su entorno en el blog de 3G.

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sábado, noviembre 07, 2009

Lecturas atrasadas

Hace tiempo que no aparecen en este espacio reseñas de los libros que tienen a bien caer en mis manos; tanto los que yo llamo libros amigos como los que, sin serlo, me caen bien (para críticas demoledoras consulten los suplementos literarios). Y como el ritmo de lectura que me permiten las circunstancias ha crecido ligeramente en los últimos meses (los brotes verdes, ya saben), se han acumulado algunas recomendaciones en la lista de pendientes. Así que, aplicando técnicas de reducción de listas de espera, me veo obligado a formar pequeños paquetes por riguroso orden cronológico. Empezando por uno de carácter humorístico.

Humor inglés

Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro), de Jerome K. Jerome.
Título original: Three men in a boat (To Say Nothing of the Dog).
El Cobre Ediciones, 2003.


Las novelas humorísticas inglesas, por regla general, no son un gran continente de ideas filosóficas, ni se encuentran en ellas doctas enseñanzas sobre la vida, ni buscan la transgresión de los esquemas literarios decimonónicos, ni nada de eso. Pero, si uno tiene cierto apego por el humor british style, le ayudan a ser feliz durante el número de horas que conlleva su lectura.
Jerome jamás he leído un prospecto farmacéutico sin llegar inevitablemente a la conclusión de que padece la enfermedad allí descrita, y en su forma más virulenta, valorando en unas ciento siete las enfermedades mortales que acumula. George duerme todos los días en un Banco de la City, de diez a cuatro; salvo los sábados, día en que lo despiertan y lo sacan a las dos. De Harris poco se puede decir, excepto que pesa ochenta kilos y siempre conoce un lugar a la vuelta de la esquina donde se puede obtener algo extraordinario en materia de bebida. Montmorency es el personaje psicológicamente más complejo: según Jerome, su dueño, «viendo a Montmorency, uno se imagina que es un ángel caído del cielo, apartado de la humanidad, por alguna razón, bajo la forma de un pequeño foxterrier. Tiene un aspecto de ay-qué-mundo-más- malvado-es-éste-y-cómo-me-gustaría-hacer-algo-para-mejorarlo que en más de una ocasión ha humedecido los ojos de piadosos ancianos y ancianas»; sin embargo, su idea de la vida consiste en merodear por los establos, reunir una banda compuesta por los perros de peor reputación de la ciudad y conducirles por los barrios bajos a pelear con otros perros de mala reputación.
Por democrática votación, tres contra uno (el uno es Montmorency), un buen día deciden tomarse una semana de vacaciones para remontar el Támesis en una barca, porque necesitan descanso y un cambio completo de aires; la gran tensión cerebral que sufren en sus agitadas vidas les ha producido una depresión generalizada en el sistema, y han de buscar un lugar que restaure su equilibrio mental y donde no haga falta pensar.
El único problema de este libro es que su primera parte, la correspondiente a los preparativos de la expedición, es tan genial que hace palidecer los intentos de igualarla de su segunda parte, una delirante guía de viaje por las riberas de Támesis, desde Kingston hasta Oxford.
La edición citada, que he podido conseguir, a duras penas, no es muy buena (incluso se cita mal su título original), y la traducción, deficiente (por eso no cito al traductor).
Nota curiosa: George Wingrave, descrito en la novela como un empleado de banco, acabaría convirtiéndose en director del Barclays Bank.


Humor francés

13’99 euros, de Frédéric Beigbeder.
Título original: 99 Francs.
Editorial Anagrama, Quinteto, séptima edición, 2009.
Traducción: Sergi Pàmies.


Octave Parango es un publicista de éxito: millonario, alcohólico, cocainómano y putero. Está harto de su trabajo, y por eso quiere que le despidan tras publicar esta novela; y está harto de su vida, por lo que se lanza a una carrera sin freno hacia el abismo. Un tipo despreciable que, sólo cuando la emprende con el mundo con él mismo como martillo, llega a parecer entrañable.
«Me llamo Octave y llevo ropa APC. Soy publicista, eso es, contamino el universo. Soy el tío que os vende mierda. Que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta, retocada con el Photoshop. Imágenes relamidas, músicas pegadizas. Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda. Os llevo tres temporadas de ventaja y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. Hacer que se os caiga la baba, ése es mi sacerdocio. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume». Escrito con un estilo descomedido, a veces soez, y desplegando una honestidad brutal, Beigbeder expresa una visión del mundo poética pero categóricamente pesimista a través del mundo de la publicidad, es decir, la manipulación de las masas, la televisión, el consumismo y todo ese entorno tan arcádico que nos rodea. La frase más citada de esta novela, como muestra de su filosofía es: «La diferencia entre ricos y pobres es que los pobres venden droga para comprarse unas Nike, y los ricos venden sus Nike para comprar droga»; pero, cientos de frases similares martillean la conciencia sin descanso durante su lectura
Lo malo: podría haber sido una novela insuperable de no retorcerse en una segunda parte enloquecida, sin un argumento mínimamente sólido, o a la altura de la corrosiva descripción del mundo publicitario, que es su gran baza.
En todo caso, tengan cuidado: esa sonrisa que se despliega durante la lectura oculta una enorme dosis de sordidez e infelicidad.
Cotilleo: al parecer, Frédéric Beigbeder, ex-creativo de la agencia Young & Rubicam (de la que fue fulminantemente despedido tras publicar 99 francs), fue el autor de la célebre campaña para Wonderbra, protagonizada por Eva Herzigova: «Mírame a los ojos. He dicho a los ojos».

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sábado, octubre 31, 2009

Mi vida reciente en unas pocas imágenes (y no en miles de palabras)

Cuando la arena del reloj

toma forma humana

se multiplica hasta desaparecer.
































Desde hace siglos se dice que nuestras vidas son ríos. A veces se remansan, otras forman rápidos. Al principio avanzan en línea recta, de forma impetuosa; más tarde adquieren parsimonia en su discurrir, forman meandros, se ensanchan. Crecen con afluentes, merman con la sequía. Unos son largos, inacabables; otros son tan cortos que apenas aparecen en el mapa. Al final, depositan en su lecho final todo aquello que vienen arrastrando desde su nacimiento.

Yo me encuentro, al día de hoy, en un tramo de ímpetu parsimonioso, pero con meandros, remansos y rápidos. Una serie de variaciones sobre temas muy distintos, seriales y dodecafónicos.

Es intenso y difícil. Agridulce y emocionante.

Un viaje, un 4º cumpleaños, una operación de oído y vegetaciones, una olimpiada escolar, una presentación en perspectiva... Demasiado y demasiado poco. Es como si alguien me hubiera echado un “bien de ojo” y, como debió de desear a alguien muy querido Jonathan Swift, me hubiera dicho: «¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!»

Sólo espero compartir unos cuantos, quizá muchos, de esos días por vivir aquí, con ustedes.


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lunes, octubre 26, 2009

Superreal

video


Referencia literaria: Nadja, de André Breton.

Música: Cuarteto de cuerda nº 11 en Fa menor, op. 122, 4-Etude: allegro, 5-Humoresque: allegro, de Dmitri Shostakovich. Hagen Quartett.

Imágenes: fotografías caleidoscópicas propias.


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