Cuaderno de impresiones de un francotirador (aún) superviviente en esta permanente incursión en territorio enemigo que comúnmente llamamos LA VIDA.
miércoles, junio 07, 2006
Receta de varón
Este poema pertenece a una poeta nicaragüense llamada Gioconda Belli.
«No importa si no es hermoso
-la fealdad en el hombre
puede despertar ciertos atávicos instintos femeninos –
pero es esencial que el pecho sea acogedor
y que los brazos ofrezcan la promesa
de abrazos apretados y tiernos.
Vello en el cuerpo o no,
es cuestión de gustos.
Personalmente los prefiero
tapizados,
con espacios de sombras oscuras
suaves al tacto,
y capaces de llenar el olfato
con el olor del día a flor de piel.
La cintura que se defina, por favor;
que no le sobre, ni le falte,
que no acuse el descuido del dueño,
mas que en ciertas épocas permisibles
donde unas libritas demás,
son sólo testimonio de amables libaciones.
Las manos son definitivas:
deben saber detener la cabeza de la mujer
con el celo con que el marinero escatima al viento
la única lámpara de aceite en medio de la tormenta;
ser ágiles como pájaros o cabras de monte,
capaces de la forja del hierro, la lágrima,
de esculpir los intrincados artesonados del placer.
Las piernas también son importantes
pero les perdonamos las torceduras,
lo tosco, las imperfecciones,
si al encontrarnos con la boca
vemos una sonrisa en la que poder confiar
y unos ojos que nos aseguren la mañana.
La espalda masculina debe ser extensa
como una pradera por donde puedan pasear los búfalos
y los heliotropos,
y es fundamental que en las caderas
se alcen dos colinas
inequívocas, sólidas,
que se nos queden prendidas en la memoria
cuando el hombre se vuelva para marcharse,
alejándose en la noche.
La voz que resuene con vibraciones de bajo
pero que sepa modular
la tensa y dulce melancolía del acordeón,
lamentando el fin de la luna en la ventana.
El hombre, al fin,
ese mítico animal
que reinventa siglo tras siglo
las quimeras que pueblan las obsesiones femeninas,
habrá de conservar,
-perdida la absoluta hegemonía –
todas aquellas cosas
galantes, fuertes, acogedoras,
que, a pesar de todos los pesares,
lo mantienen sólidamente anclado,
en el profundo, incansable mar,
de las hembras».
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3 argumentos:
Aunque he de reconocer que se me van los ojos tras Brat Pitt, Homer tiene su encanto. Hay que buscar él algo positivo que encontró Marge Simpson.
Como en la canción de la Cabra mecánica:
Tú que eres tan guapa y tan lista
tu que te mereces
un príncipe, un dentista, ¡tú!
te quedas a mi lado
y el mundo me parece
más amable
más humano
menos raro
Interesante punto de vista, más con las modas que nos gastamos. Me ha gustado mucho, aunque tampoco me identifico con Homer.... hay cuestiones de salud, física y menstal, que merece la pena cuidar.
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