Mi mapa íntimo de librerías
Me invita Txetxu a realizar, como otros amigos o lectores suyos, un mapa íntimo de librerías, «una bella y delicada manera de poner a las librerías en la conversación de la gente y, a través de ellas, al libro y a la lectura», como él mismo dice. Una idea atractiva a la que, con notable retraso, respondo:
Mi mapa íntimo de librerías
Hasta hace poco más de una fugaz década, de las cuatro que ya he consumido, he carecido de cualquier clase de mapa, brújula, sextante o siquiera un miserable astrolabio que me orientase en el fascinante pero incierto mundo de las librerías. Éstas, las buenas, las de verdad, siempre las he visto a desmano por eso de haberme tocado en suerte morar en extrarradios de mi ciudad de referencia, esa a la que los bilbaínos llaman Bilbao.
Por eso, mi adolescencia y mi juventud librescas constituyeron un errático deambular al acecho de títulos y nombres que aparecían en los primeros manuales de Literatura de BUP entre las bibliotecas de barrio y las librerías-papelerías de turno, establecimientos éstos últimos que dividían libros-papel, en el mejor de los casos, en una proporción de 20-80, como el Pareto tan difamado por Julen.
Cuando empecé a poder desplazarme con soltura hasta el centro, objetivos ineludibles como únicos conocidos eran la sección de libros de El Corte Inglés y La Casa del Libro, que por entonces disponía como única sede la de Colón de Larreátegui. En estos pagos me lanzaba compulsivamente sobre los clásicos de bolsillo de Alianza y Austral de Espasa-Calpe, los más asequibles a mi idem de entonces y que constituyeron mi alimento espiritual desde los 15-16 años y durante mi década de los 20. Las incursiones por las jurisdicciones de Cámara o Herriak eran infrecuentes pero intensas, algo así como correrías por terrenos vedados a los dilettantes; creo que me subestimaba como bibliófilo y bibliomaníaco.
No obstante, esos territorios se consolidaron en mis 30’s. De hecho, en Herriak presenté mi primera novela y en La Casa del Libro la segunda.
También me gusta tomar un café silencioso en tanto que ojeo algunas novedades en Topbooks; placer éste —como los otros todos— muy restringido desde la arribada de los piratas. Pero lo mejor en mucho tiempo ha sido la anexión reciente en mi mapa de territorios como La Internacional o La Librería de Deusto, donde no sólo te atienden y te miman, como buenos libreros con sus clientes, sino que a veces hasta tienes la impresión de que te estiman. Y, por fin, sepan que espero impaciente, como otros cuantos, el desembarco en Litteraemundi, para profundizar en culturas entrelazadas.
Por último, y como es de bien nacidos ser agradecido, debo reseñar la librería-papelería de mi pueblo-barrio, Aiboa, del mismo nombre, cuyas proporción libro-papel y competencia literaria de sus amables dueños son notablementes superiores a aquéllas habidas en mi infancia, y en la que han hecho notable propaganda del autor local con aún más notable descalabro de ventas… pero eso no viene a cuento ahora.
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Technoradas librerías Bilbao Txetxu
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Technoradas librerías Bilbao Txetxu




2 argumentos:
Pues esta entrada es muy bonita y no tenía comentarios. Eso lo arreglo yo en seguida!
La colección Austral, qué cariño le tenemos todos, sus libros de teatro los únicos practicamente del género. Y sigue y sigue...
La papelería de tu pueblo, es la papelería de mi barrio, "Papelería RAI" regentada por Eli, a la que nos unió tanto el cariño mutuo desde niños que la seguimos viendo y llamando. A pesar de estar retirada.
Le tengo que hacer una entrada!
Wodie
Las librerías, en algunos casos como el nuestro, son uno de los mejores recuerdos. Será que hemos tenido una buena infancia. ;)
Gracias mil por este comentario.
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