martes, enero 29, 2008

Helados de tarde de domingo


Cuando los artesanos acostumbran a hacer bien las cosas, con esfuerzo y mimo, son capaces de hacerlo bien todo.

Cuando un artesano-Aprendiz ilustrado, industrioso, y experimentado se pone manos a la obra para escribir un relato, éste resulta ameno, sencillo, transparente y directo. Las cosas bien hechas.

Tómense un momento para dar un garbeo por la nostalgia y saborear de-nuevo-y-por-primera-vez aquellos Helados de tarde de domingo.


P.S. Como dato excusable, añadir que el relato ha merecido un accésit en el concurso Las redes de la memoria.
Menos excusable son la crónica rosa del evento de entrega de premios, que puede leerse en el bastión del Highlander, y la sección de citas imprescindibles a cargo de Noemí.
El libro a la venta en A Fortiori.


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Technoradas

20 argumentos:

M@k, el Buscaimposibles dijo...

¿Highlander? Pero si no llevaba falda...

goroka dijo...

Me ha encantado leer tu relato corto, sobretodo por la familiaridad del lugar de anclaje del relato, por la cantidad de olores y sabores que han llenado en segundos mi pensamiento traídos de la memoria, un beso desde bilbolunya!!

no-no dijo...

GHelados?; Sluuurpp!
Una vez lo dije tanto que ya ¡No lo diré más!

Para entrar un dato hay que eliminar otro, que se transforma en memoria oculta:)

Contarlo es lo mejor que se puede fabricar contra la muerte para "sobrevivir". La letra cura la sangre y las heridas, bálsamo de mis querencias, deslinde de hojas mojadas y piedras junto al arroyo. De agua clara, de donde nunca volví..


Sarta de historias.
Abrazo pares

La interrogación dijo...

Me ha gustado el relato corto y la cantidad de información que he sacado de los enlaces.
Uno de los blogs me ha recordado mucho a mi infancia.
Un saludo

ANA dijo...

Estupendo relato, ya se lo he comentado a Julen en su blog.
Gracias por acercarlo hasta aquí y darme la oportunidad de leerlo.
Ya sabes, te limitas a 20 o 25 blogs, te lías entre un mundo de links y terminas perdido al otro lado del mundo.
El caso es que hacía tiempo que no me pasaba por su blog y me ha gustado hacerlo, me ha quedado un regustillo bueno de sabor a helados y a bollos con nata.
Un abrazo Fernando,
ana.

Julen dijo...

Me lo anoto en mi cuaderno de deseos: publicar un libro de relatos. Gracias, Fernando. ¿Por qué? Porque me das envidia. Espero que sea sana ;-)

Lucía dijo...

Mi enhorabuena por el premio. El relato no merece menos.

Besos.

WODEHOUSE dijo...

Es muy bonito, todos nos transportamos a nuestro dibujo particular de infancia,con sus colores correspondientes.

Cada uno dentro de su memoria, construye su particular relato o cuento según el recuerdo, distinto del de los demás pero con cosas en común.
El helado es el aglutinante de tantas y tantas infancias en el norte, Sur, Meseta o Litoral.
El helado y también el seiscientos...como no!

A lo mejor escribo el mío algún día.

Noemí Pastor dijo...

Este relato de los helados está muy bien y digo los mismo de los demás del volumen. Merece la pena de verdad.
Postdata. Yo siempre quise escribir crónicas rosa y va Mak y me pisa. ¡Buahhhh!

Recaredo Veredas dijo...

Hola Fernando. Enhorabuena por el relato y gracias por tu reivindicación de la artesanía. El oficio resulta fundamental para escribir un relato. Saludos.

kukilin dijo...

Muy buen relato! Me regresó a mi infancia.
¡Mis felicitaciones!
Un abrazo trasatlántico.

Naty dijo...

Relato que me ha llenado de nostalgia (sin duda esa foto en blanco y negro tiene algo que ver)... Hasta luego, esta visita se repite ;)

Fernando dijo...

M@k ¿Y qué? El hábito no hace al monje :D

Goroka Supongo que te diriges a Julen, por que es de él el relato, no mío.
Por lo demás, estoy completamente de acuerdo contigo.
Un beso.

no-no Sí, como dice Gabo: vivir para contarlo. Es una buena faena para la muerte el impedir su concienzudo trabajo.
Inter pares, prius.

Interrogación Me alegra mucho saber que consigo lo que pretendo.
Sigue siendo un placer verte por aquí.

Ana Me alegro de fomentar las visitas entre vecinos, aunque no sean adosados. Merece la pena seguir la estela de gente con el saber pensar y hacer, con el norte claro de Julen.
Ummm sí que huelen bien esos bollos.
Un abrazo.

Julen Dijo Voltaire al respecto: la única recompensa que puede esperarse del cultivo de la literatura es el desdén si se fracasa y el odio si se triunfa (tomado del blog Escritores vascos de Alex Oviedo). Así que ya sabes...

Lucía Cierto. Por eso no me he resistido a enlazarlo.
En este caso, le traslado los besos a Julen.

Wodie Si cambias ese a lo mejor por el futuro simple escribiré, mucho mejor.
Como dice Noe, qué peligro tiene esto de la nostalgia. Y, como apunta el título del concurso, queda uno enredado entre sus hilos recónditos de nuestro propio ser.

Noe Eso te pasa por dedicarte a tanta literatura y tanto cine y cosas de esas, que te encasillas en el sector y ya no puedes salir.
Pero se puede seguir intentando, ¿no?

Recaredo Por si acaso, insisto en que el relato es de Julen; a él le corresponde el mérito.
Y sí, reivindico el papel de artesano más que el de artista. Es a lo que aspiro.
Un gran saludo.

Kukilin Se las traslado a Julen con mucho gusto.
Me encanta el trasatlantismo.
Un abrazo.

Naty Un placer verte por aquí. Y me alegraría mucho de la repetición.
Un saludo.

Apostillas literarias dijo...

Me ha gustado el relato, es muy bueno. Me recordó un poco un pasaje de Cómo me hice monja, de César Aira, quizá por el tema de los helados. Este pasaje me es inolvidable, probablemente por impactante: la hija sale a pasear con el padre, quien le compra un helado que el padre no sabe que está descompuesto, y como a él de niño le gustaban mucho los helados, quiere que a su hija también le gusten. La niña, que es la primera vez que come un helado, no le gusta, pues está descompuesto y ella cree que asi saben los helados, y pasa la siguiente escena (le habla como si fuera niño, además):

"A todo el mundo le gustan los helados -dijo lívido de furia. A todo mundo menos a vos, que sos un tarado.
-¡No papá! ¡Te juro...!
-Comé ese helado -frío, tajante-. Para eso te lo compré, taradito.
-¡Pero no puedo...!
-Comelo. Probalo. Ni lo probaste.
-¡Te juro que es horrible! Probalo.
¡Ya lo probé! ¡No puedo!
Terminó el suyo. Arrojó la cucharita a la calle. Con las manos libres, se volvió hacia mí, y supe que el cielo se me estaba cayendo encima.
-Comelo de una vez!
Papá me arrancó la cucharita de la otra mano y la clavó en la frutilla. La levantó bien cargada y me la acercó a la boca. La abrí, redonda, y la cucharita entró. Se posó en mi lengua.
-Cerrá.
Lo hice. Las lágrimas ya me velaban los ojos.
El asco me inundaba, me explotaba en el cerebro como un rayo. Otra cucharada bien cargada venía en el camino. Abrí la boca. Ya estaba llorando.
-¿No te gusta? ¿Eh? ¿No te gusta? ¿No ves que sos un tarado?
(...) Otra arcada. Otra más. Otra. Eran en serie. Todas secas, sin vómito.

Un abrazo, Fernando.

Fernando dijo...

Bueno, bueno, Magda, desde luego que hay concomitancias... pero me parece que el relato de Julen resulta un poco menos estomagante.
Un abrazo.

Magda dijo...

Ah, si, por supuesto que si. Solo lo decía por el tema del helado ;)

comopompasdejabon dijo...

Pues a mi, no se me recordo a Pio Baroja, tal vez es mi cabeza siempre asociando, Julen,Baroja, pero es asi constumbrista a no poder más que tiempos que no solo los vivio Julen, que por la estepa tambien ibamos en seiscientos y a nosotros no nos dejaban efectivamente pero nos operaron de las admigdalas, yo no lo necesitaba fue mi prima y yo por si acaso, y entonces fue magnifico nos dejaban comer ¡ polos de hielo!, no hablabamos teniamos una campanilla pequeña y la tocabamos y cuando nos preguntaban ¡ pediamos otro!, no recuerdo enfermedad mas deliciosa, irrepetible y apetecible.
Gracias Fernando por acercarnos en los recuerdos que se encadenan.
Un beso.

César dijo...

Escribir nos permite fijar episodios que van quedando ocultos tras la bruma de nuestra memoria, sepultados por cosas más recientes. Todos deberíamos escribir, aunque sólo sea para dejar noticia a nuestros hijos de cosas que nunca verán. A ellos no les resulta llamativo el helado. Ni otras muchas cosas, de puro comunes. Recuerdo un día en que uno de mis hijos, con total candidez, me preguntó qué películas de vídeo estaban de moda cuando yo era pequeño. No sé si entendió muy bien que entonces no había vídeo. Deberíamos sacar tiempo de donde fuera para escribir todo eso. Aunque sea sin afán de publicarlo, sólo para que lo lean nuestros seres más próximos que no lo vivieron.

La Dueña dijo...

En relación con lo que dice Cesar me viene a la mente que cuando mi madre me contaba alguna cosa de cuando era pequeña yo, ya mayorcita, le decía: "pero, si tu nunca has sido pequeña".
Y el otro día que estaba en casa mi padre cuando le fue a dar un beso le dije al mayor (Fernando) mira, este es mi papá, y el contestó: "si claro, de cuando eras pequeña".

Fernando dijo...

César También está la tradición oral. La memoria.
Todos tenemos grabados en la memoria hechos, situaciones, objetos, relaciones, etc. que nosotros no vivimos ni conocimos, pero sí nuestros padres o abuelos. Qué decir, de la posguerra, del hambre, de los juegos de antaño, de las cocinas, incluso de las comidas, o de los burros, las tahonas, las lecherías, las avisadoras, los vestidos, la emigración, y así hasta el infinito; casi nada de ello lo he visto, pero de algún modo lo tengo en mi memoria.
Estoy de acuerdo en que lo escrito queda (verba volant), pero también tendríamos que ser capaces de transmitir oralmente a nuestros hijos esas historias entrañables, terribles, casi siempre curiosas, que nosotros aprendimos escuchando. Cierto que la televisión, el ordenador o el MP4 nos lo ponen más difícil... No sé...
Tienes razón, habrá que escribirlo.

Dueña Es muy pequeño. Dale un poco de tiempo y aprenderá a verte como una niña, al igual que nosotros aprendimos a verles como niños; aunque fueran distintos, los niños siempre son niños y tienen algún tipo de conexión espacio-temporal con el que se identifican.