Taxonomía lectora
Vía Tökland.
Hemos descubierto, a través de J. Yanes, la ignorada y enciclopédica labor del mítico doctor Honorio Bustos Domecq. Entre otras ciclópeas labores, Bustos se entregó a «la desproporcionada tarea de indagar la cultura escrita en las sociedades postindustriales, y el conjunto de problemas asociados a los complejos mecanismos de difusión y de recepción cultural a través de los sistemas de escritura. De este marco general se desprendió, de forma natural, la luminosa construcción de una taxonomía universal de lectores».
Al parecer, y siempre según la leyenda relatada por J. Yanes, la tipología de Dr. Bustos incluye, en su versión revisada, unos 2.800 tipos lectores y una extensa taxonomía anexa, sumamente compleja, que no puede reproducirse sino en varios volúmenes encuadernados por su prolijidad. Así que Yanes ha realizado una labor de poda y epítome, publicando una tipología lectora abreviada en la que se halla lo más granado de «la inflexión lectora de la modernidad».
Y en este territorio no se puede desperdiciar la ocasión de reseñar tan provechoso bestiario. Aquí pueden leer la relación completa. Pero, para hacerse una idea del asunto, espigamos y reproducimos unas pocas entradas de dicha tipología:
Apógrafo, a: Lector de fotocopias. Muy frecuente en las universidades. También conocido como fotoléxico.
Apologista: Lector que hace apología de los cuentos, otorgándoles carácter genérico, en contra de la tradición europea que lo considera, injustamente, un subgénero de la novela. Especie a conservar.
Bestseléctor, ra: Especie que sólo lee bestseller. Libros que, por otra parte, suelen ser más seller que best. Es, en realidad, una honorable víctima de la sociedad de consumo y suele poseer una ignorancia enciclopédica.
Cartaginés, sa: Tipo de lector que cuando lee un libro tiene que dejarlo y empezar a leer lo primero que se escribió sobre el asunto, por muy remoto que éste sea. Normalmente empieza por los cartagineses. Se ve forzado a una especie de eterno retorno y suele perderse con facilidad en el proceloso mar de las letras. Más frecuente de lo que en principio pudiera parecer.
Clásico, a: Lector aristocratizante que sigue el canon clásico de la lectura: privacidad, sigilo, meditación. Posee una biblioteca privada que trata de imitar las emblemáticas bibliotecas personales de Erasmo y Montaigne. Vive en una mansión. Si en lugar de mansión tiene un pisito, aunque mantenga intacta su refinada pasión, los libros suelen andar atrabancados por toda la casa, en los armarios, debajo de la cama o en la nevera. La situación llega a ser grave cuando también se ve obligado a colgarlos de las ventanas como guirnaldas de flores.
Gregario, a: Lector de libros de moda, de los que anuncian por la tele. Lector de libros que le recomiendan los compañeros de trabajo o los amigos. Le encanta que le digan: “léete no sé qué, que está buenísimo”. Peca de una credulidad admirable. Suele ser pasto de las campañas comerciales de las grandes editoriales que en lo único que piensan es en vender.
Libélulo, a: Tipo lector, eminentemente frugal, que lee lo indispensable para sobrevivir. No debe confundirse con el lector de libelos, oficio noble donde los haya, ni con el lector de El ascenso de la insignificancia. Su nombre científico es acondroplásico o enano lector. Tampoco tiene que ver con el lector portátil, pero sí está emparentado con el anoréxico u opusculario. Para entendernos, un gandul.
Novélido, a: Tipo de lector monofásico que solo y exclusivamente lee novelas. La lectura de otro tipo de literatura le produce graves alteraciones neuronales. Dentro de este tipo se dan los subtipos correspondientes a la novela policíaca, de aventuras, de terror, psicológica, y otras. Padece hipermonofasia cuando dentro de un subgénero sólo lee a un autor del que conoce su vida y milagros, y al que envía correos electrónicos delicuescentes. En todo caso, es lector de largo aliento. Cuando sólo lee novelas de caballería suele empezar a tener problemas con la policía, pero en general es inofensivo.
Pedabobo, a: No confundir con el sujeto que ejercita sus dotes flatulentas disimuladamente en las bibliotecas levantando las asentaderas con levedad. Nos referimos aquí al sufrido lector de libros sobre educación. Libros, por otra parte, difícilmente soportables: escritos con gran desaliño estilístico; proclives al uso inmoderado de anglicismos; plagados de diagramas innecesarios (flechitas, cuadraditos, resumencitos); llenos de sangrados, subapartados (1; 1.1; 1.1.2; o de letras, a, b, c…); sembrados de negrillas, bastardillas, de párrafos enjutos y contenido inane. La mayoría de sus autores son eminentes glosadores. En fin, un poema.
Pornoléxico, a: Lector incontinente de vidas de santo, del martirologio romano, de horóscopos, de astrología y de revistas del corazón y otras vísceras. También es lector de ciencias ocultas, de cartomancia y de parapsicología. Entran en esta categoría algunos lectores de ciencia ficción, ufología y lectores de casos de abducción, así como los lectores y coleccionistas de fascículos semanales y pliegos de cordel.
Psicoanalista: Lector argentino de literatura de ficción.
Rampante: Llámase así al que lee recostado. Rampante severo, el que además necesita ponerse el pijama o el camisón.
Sardónico, a: Lee para confirmar que todo el mundo está equivocado. A este grupo pertenece también el llamado ultracorrector, sólo lee para pillar los gazapos ortográficos, léxicos, sintácticos o tipográficos de los otros. Puede degenerar en patología en los casos de enfatuación aguda. Suele tener colgada una sonrisita en la comisura de los labios mientras lee, para subrayar la suficiencia.
Solapero, a: Lector de solapas de libros. Es baratito, no gasta un duro en libros, lee a hurtadillas en las librerías. Es, en realidad, un subtipo de lector virtual. Llega a adquirir una extraordinaria habilidad en el uso de la información que allega de manera tan alevosa. Puede dar el pego.
Sin duda, labor digna de encomio y proveedora de diversión para toda la familia. La pregunta ¿qué clase de lector es usted? puede dar mucho juego tanto en las largas tardes de lluvioso invierno como en los matinales corrillos de chiringuito playero (siempre antes del tercer botellín de cerveza, para que no degenere). Por ejemplo, servidor de ustedes se autoincluye en las especies clásico-con-pisito y rampante, después de haber superado un tratamiento de desintoxicación como novélido.
No obstante, en este bestiario para taxónomos de biblioteca no aparecen especies protegidas como ésta, que también puede verse en el blog de Tökland:

Pinchando en la imagen podrán acceder a un tipo de salvaje lector cordial (del latín cor, cordis, corazón) de clasificación realmente difícil. Y es que Doc Bustos no profundizó en la piratería al por mayor.
___
___
Technoradas Bustos Domecq lectores taxonomía corazón



20 argumentos:
Creo que coincido contigo, tras leer las diferentes descripciones, aunque támbién me autodenominaría "conellibroatodaspartes", porque no hay quien me despegue de él hasta que lo termino :P (todas partes es... todas partes). Un besuco.
-Padre, creo que soy apologista.
-No te preocupes hijo, hay una penitencia para eso.
-Pero, padre, creo que también soy algo pornoléxico, un poco rampante, muy solapero y muchas veces clásico.
-Ah, hijo mío, eres un compendio de vicios, pero no te preocupes, también encontraremos penitencia para esos pecados.
-Me deja usted más tranquilo, padre.
je, je, je, je, je, je, je, je y je (elevado a la enésima potencia)
Y aún más.
Un abrazo.
¡Qué mala lecheeee!
No me encuentro en la taxonomía: soy lectora macarrilla, nada ejemplar y consumidora habitual de telebasura.
Voy a leerme otra vez la lista, que tengo que estar.
Me identifico con Joe. A ver si hago una taxonomía sobre el caso. Muy útil y sutil, la tela de araña !!
Para no ser pirata, creo que lo llevas Bien ;-)
Vamosaver:
Teniendo en cuenta mi condición universitaria (o al menos así lo reflejan los códices de cierta Facultad de infausto nombre desde hace... eso), soy claramente apógrafo. Considerando lo cuentista que puedo llegar a ser, de apologista sería mi esencia. Como yo sólo leo lo mejor de lo mejor, que lo es porque yo lo valgo, o sea, porque lo leo, también seré algo bestseléctor.
Por otro lado, hay épocas en mi vida de libelulismo supremo, otras de sardónico-talibán del lenguaje, me encantan las novelas, así que algún gen novélido tendré también y me encanta la porno... léxica científico ficciosa,mas ahora mismo estoy claramente rampando, bien que en librerías soy bastante más educado y oculto mis vicios inconfesables entre solapas.
¿Es grave?
Buenas noches!
Voy a transformarme mágicamente ahora mismo en Rampante severa.
Ya he visto la entrevista, la recibí por e-mail...la escucharé con calma.
Besos
Muy bueno...pues mira yo sería Rampante por los cuatro costados lo primero.
Libélulo-a en muchas ocasiones, o sea, vaga. No me centro en un solo libro , tengo tres o cuatro "frentes" abiertos que me pueden durar un año.
Me encantan los libros de viajes escritos por escritores que tienen chispa,disfruto.
No soy solapera, las solapas conducen a errores.
Solapas, las de la camisa, que me gustan siempre(verano-invierno) con solapitas.
Lo que ya no soporto son los libros de autoayuda, los de Alex Rovira por ejemplo. Me hacen parecer tonta y desagradecida por no llegar a ese estatus de felicidad que se supone que se llega a alcanzar con ellos. Y pienso, algo he hecho mal...
Y sobre todo me gustan los libros de Fernando garcía (al menos los dos que tengo)un besazo!!!
Ja, ja, ... eres bueno doctor. Eres más que bueno...
Hola,
Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información para tu blog.
Mi correo: janaru@gmail.com
Un saludo.
No me encuentro, porque me definiría por la posición en la que leo no de qué y cómo leo, sólo se leer tumbado, tumbaíto.
Buenas, Fernando:
Me encantó tu post y los sitios a los que me llevó. Qué geniales, Borges y Casares (coñe, salió pareado).
Taxonomízame a los ecritores, anda... (tela).
Saludos.
Carlota
Todas partes son buenas con un libro a cuestas. Es lo que tienen los libros, que todo lo convierten en agradable. Y todas partes es... todas partes :D
Un beso.
Antoniodebarro
Yo también encuentro penitencia para todos esos vicios, menos uno...
Noe
Seguro que sí. Lo que pasa es que las heterogéneas heterodoxas sois de muy difícil clasificación.
Mª. Jesús
Eso es que ha llegado. Cuando lo leí también dije (o así) lo mismo.
Un abrazo.
Antoniocorn-er
Se hace lo que se puede, Joe :D
Muchas gracias.
M@k
Irrecuperable. Como remedio desesperado, te recomendaría engancharte a la nueva edición de Gran Hermano que empieza pronto, tengo entendido. Y nada de letra impresa ni tecleada. Hasta que termine el GH ese. Luego vuelves a pedir consulta a ver cómo vas.
Mita
¿Por e-mail? ¿Cómo es eso?
Rampantízate severísimamente. Te veo en 3G.
Wodie
Esa última dolencia todavía está sin estudiar por la Ciencia. Cuando se determinen los síntomas se intentará encontrar un remedio. Mientras tanto, te veo como a M@k, un tanto incurable ;)
Un besazo para ti.
Ah y remediaremos esa carencia sin tardar.
Óscar
La verdad es que el mérito es de otros. Estamos como para ponernos en plan entomólogos del libro, con tiempo que nos sobra por todas partes, ¿a que sí?
Chas gracias, máximo.
Miguel
O sea, rampante severísimo. Somos legión.
Alma
Como le he dicho a Óscar, sería un buen entretenimiento para todo ese tiempo que nos sobra. Más o menos, unos cincuenta segundos al día, más o menos. Incluso hay días que pasa de los cinco minutos. (esto de ahora es robado al sueño desde hace tiempo; ya veremos cómo acabo)
Besos.
Como casi todos, soy una mezcla de varias de las descripciones. Tuve mi etapa apógrafa, siempre fui rampante y cada vez soy más clásica, ayer mismo fui a comprar otra biblioteca. No es justo para la que tengo cargar con tanto peso.
Luciana
Las pobres bibliotecas tienen que cargar con el peso de los pecados de sus dueños...
Sería una buena reencarnación para un enemigo de la lectura.
Me preocupan algunos de esos tipos de lectores, pero más me preocupan los críticos 'solaperos' o 'solapados' como dicen otros. Los que escriben 30 ó 50 líneas viendo la solapa del libro y como mucho leyendo 25 ó 30 páginas. Esos sí que hacen un daño irreparable. No doy nombres. Seguro que no hacen falta.
Psst,psst!. tienes una sorpresa en mi blog.
Por ser un muchacho excelente y por ser un apoyo tan grande. Y porque te lo has ganado!!!. Qué repámpanos!
Esto es buenísimo. Creo que soy un poco de todo, a ver..., un poquito más Apologista-Rampante, aunque menos Gregario.
Jajajajaj, no tiene desperdicio.
Besicos sureños
Felicidades por tus intereses. Más que por ellos, por tu contundencia.
Un abrazo.
César
A buen entendedor…
Y también he visto por algunos suplementos unos cuantos del tipo sardónico.
Lotus
Qué intríngulis… voy a ver la sorpresa.
Nani
Muchas gracias.
Espero que, de gregaria, poco. Pero la verdad es que en esto somos casi todos muy mestizos ;)
Besos.
Mª. Jesús
Muchas gracias por ese entusiasmo.
Me imagino que los intereses a que te refieres no son los que me da el banco, porque esos son de dar el pésame.
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada