Al día siguiente ya no se puede
James Algernon Corstorphine, noveno conde de Devizes, guapo, inteligente y rico, con un hogar agradable que compartía con Lady Woodhouse y sus dos retoños y un temperamento feliz, parecía reunir muchas de las mejores bendiciones de la vida; llevaba viviendo cerca de cuarenta y cinco años en este mundo sin nada apenas que le agitara o le molestara.(*)
Una de las despreocupaciones recurrentes de Lord Corstorphine era la gestión de sus asuntos legales y financieros. La administración de su patrimonio y rentas estaba en manos de su secretario, el eficientísimo Mr. Gossip, dotado con los dones sobrenaturales de la presciencia y la infalibilidad. Y todos aquellos asuntos que relacionaran a la casa de Devizes con la legislación motorizada del gobierno o con las salas saturadas de puñetas y pelucas eran llevados desde los tiempos del séptimo Conde, o sea, su abuelo paterno, con la justa aunque suficiente diligencia por el prestigioso bufete de abogados Flywheel, Shyster & Murgatroyd.
Una de las despreocupaciones recurrentes de Lord Corstorphine era la gestión de sus asuntos legales y financieros. La administración de su patrimonio y rentas estaba en manos de su secretario, el eficientísimo Mr. Gossip, dotado con los dones sobrenaturales de la presciencia y la infalibilidad. Y todos aquellos asuntos que relacionaran a la casa de Devizes con la legislación motorizada del gobierno o con las salas saturadas de puñetas y pelucas eran llevados desde los tiempos del séptimo Conde, o sea, su abuelo paterno, con la justa aunque suficiente diligencia por el prestigioso bufete de abogados Flywheel, Shyster & Murgatroyd.
Pero, en tales cuestiones forenses había una minúscula mácula que empañaba de forma ocasional y breve el feliz transcurso de los días del Conde. Los responsables de FS&M le informaban semanal y cumplidamente de todos sus asuntos legales, que no eran muy escasos. Y una de las desventajas que había traído el siglo XX con su progreso y bienestar general era la necesidad de cumplimentar todo tipo de documentos o formularios y presentar largas papeletas llenas de alegaciones o cláusulas reguladoras, según los casos, siempre en la forma y sobre todo en el plazo que prescribían las disposiciones legales modernas o las normas consuetudinarias de orígenes casi siempre medievales, según los estudiosos (al parecer, aquellos pájaros embutidos en armaduras mataban el tiempo que transcurría entre guerra y torneo pergeñando las leyes del futuro). Y esos plazos eran siempre apurados al máximo por los hábiles juristas a su servicio, lo cual creaba, en un curtido miembro de la Cámara de los Lores acostumbrado al cabal cumplimiento de los deberes, la puntualidad y el pronto pago de sus deudas, una cierta alteración en su pacífica y sobria psique.
Cada vez que era preciso renovar el contrato con algún arrendatario de sus posesiones de Wiltshire; o contestar con el perseverado argumento de res iudicata a la demanda anual de su vecino Sir Roderick Finch-Farrowmere, quien llevaba diecisiete años encausándole por (según el demandante) haberse apropiado indebidamente de ocho pulgadas de tierra a lo largo de todo el linde de sus propiedades; o cuando llegaba el plazo para pagar el impuesto sobre la renta que esos insensatos laboristas no dejaban de subir año tras año; o en los casos en que uno de los múltiples jueces de distrito imponía una fianza para la libertad provisional de su cuñado Graham Suggs Woodhouse, tras la última francachela en La ostra moteada; sea cual fuere el entuerto, el experto asignado por FS&M cumplía con el oportuno trámite en el último día del plazo, ya fueran doce horas, quince días, cinco meses o seis años. Invariablemente. Al parecer, esa costumbre del último día era una ley no escrita del Derecho Natural, que los abogados de todo el hemisferio occidental tenían a gala cumplir. Pero ello no mermaba el íntimo desasosiego de Lord Corstorphine.No sería desacertado pensar, por tanto, que esa preocupación es la que llevó al noveno conde a plantear seriamente la cuestión, es decir, antes del tercer dry martini que con tanto acierto preparaban en el bar del Club Knut antes de la tradicional comida del Día del Socio, al viejo Augustus Pongo Flywheel, socio fundador de FS&M.
Después de preguntar retóricamente por la última demanda de Finch-Farrowmere, se lanzó sin pensarlo dos veces. Eran muchos años de comezón los que estaban en juego.
—El caso es que hay algo que nunca he llegado a entender muy bien y siempre me ha producido cierta intriga, amigo Pongo.
—Si he venido a algo a este mundo es para eliminar hasta la menor de tus inquietudes, viejo amigo —decretó Pongo Flywheel con aplomo—. ¿Cuál es esa causa de angustia y sobresalto?
—Es sólo una curiosidad... Es... ¿Por qué los abogados apuráis siempre hasta el último día para presentar, ya me entiendes, los escritos... los papeles y todo eso?
—¿Sólo eso?
—Sí, eso mismo. Nunca he llegado a comprenderlo. ¿Por qué presentáis las cosas el último día de plazo?
—Es muy fácil de explicar querido amigo: sencillamente, porque al día siguiente ya no se puede.
Con la tercera ronda de drys, el curioso Conde empezó a sentirse en plenitud de facultades.
_______________________
(*) Adaptación del párrafo inicial de la novela Emma, de Jane Austen.
Imagen: Stephen Fry y Hugh Laurie en la serie de televisión Jeeves and Wooster.
___
___
Technoradas | abogados y condes



15 argumentos:
Sencillamente brillante, el otro dia estuve discutiendo en "El ganso y el pepinillo" durante un almuerzo informal sobre este tema con mi esposo Lord Michael Boxes. Su abogado, el nuestro, que esta muy bueno, es decir es bastante atractivo, Richard Saizes de gusto como huele siempre a esencia de maderas salvajes de la Patagonia o algun lugar agreste...siempre comete el mismo error. Mi anciana madre Lady Flowers Peackock que se haya convaleciente, tambien lo comparte el abogado digo y la opinion de que esta muy bueno y de que es un apuratiempo que nos trae de cabeza. Pues no le llama ayer con urgencia para pagar 12.000Libras que se terminaba el plazo de pagar las plusvalias de unas posesiones que vendio hace ya...
Ayer vi a Suggs con Poongo...verlos juntos es mal presagio, pues justo! Por la noche ya estaban en comisaria durmiendo la mona...leshabian echado a patadas del Dancing Steppy por organizar una reyerta multitudinaria. Los daños se elevan a miles de miles de libras...
suya suyisima:
Lady Spottworth
No es mi tema, Fernando...o el calor me ha puesto algo obtuso.
Abrazos.
Fernando
Muy buena tu adaptación. Sólo dos cosas para no perderme en divagaciones.
1.- Yo quiero en mi vida a un "Sr. Pongo Flywheel"; alguien cuya única misión en este mundo, sea la de eliminar o aclarar, mis inquietudes (que son muchas).
2.- Los abogados esos ¿estás seguro que son ingleses? Más bien parecen mexicanos: todo a la última hora... o "al ratito".
Un abrazo
PS: ya te extrañábamos... aquí en tu casa
Querida Sarah,
Desde que compartimos pupitre en los viejos tiempos de Westminster, siempre tuve claro que Suggs estaba destinado a ser un oráculo de la noche y de los calabozos de policía, pero es un excelente muchacho y nunca le estaré lo suficientemente agradecido por haberme presentado a su hermana a pesar de la desesperada resistencia que opuso ella a tal presentación (creo que hacía lo mismo con todos los amigotes de su exasperante consanguíneo, pero debí de resultar un fenómeno sorprendente dentro de tal elenco).
Y no me recuerde esos miles de libras, porque el bueno de Pongo ya me ha puesto al corriente, y se imaginará a quien le toca correr con la mayor parte de los destrozos... Lo único que me consuela es saber las andanadas que va a recibir por parte de mi adorada su hermana; le aseguro que no me gustaría estar en su pellejo en estos momentos.
Ah, y salude de mi parte a ese viejo zorro de Boxes. Desde la última vez que le vi, que acabó con dieciséis golpes por encima del par no ha vuelto a asomar su bigote por el club.
Suyo siempre.
Dante.
No, no es el calor. No podemos ser de todos los temas, supongo.
En todo caso, es estupendo que no todo sean parabienes.
Un abrazo.
Marichuy.
Esta mi casa es un lugar para perderse en divagaciones, pero, si prefieres ir al grano, igualmente bien.
Preferir a un pragmático Pongo Flywheel antes que a un guapo, rico e inteligente Conde es sinónimo de tener claras muchas cosas ;) O por lo menos algunas muy sustanciales.
Y la ley del último día a última hora de los abogados es una ley universal, válida para mexicanos, españoles, ingleses o indochinos. El porqué es un misterio.
Y gracias de corazón por ese extrañamiento.
Un abrazo.
¡Hola Fernando!
Hoy te has venido a mi terreno ¿Eh?
A ver, levanto el dedo para decirte que yo no soy de esos, aunque "haberlos hailos".
Mira esta es una profesión en la que te fríen constantemente los plazos y las sorpresas que cada día llegan al despacho, hacen que los asunto se vayan relegando en función del tiempo que te quede.
Personalmente, envidio el carácter flemático de los ingleses, yo me como viva cada día, teniendo la sensación de que siempre se me escapa algo...Es como esos paranoicos que constantemente miran para atrás por si alguien les persigue...
En fin, es una belleza tu escrito, con ese regustillo al más puro estilo anglosajón... Talmente escrito por un londinense.
Me voy corriendo a tomar el té de las cinco.
Un beso.
Es que lo de la presciencia tiene su intríngulis tiene su busilis, y es posible que sea la eutrapélica causa de tan impepinable dilación.
Jajajaja. me ha hecho muchísima gracia el primer párrafo (la adaptación de Emma), muy bueno.
Un beso MUYGRANDE :)
...
¡Ah que los abogansters!
Yo espero no tener la necesidad de mucho contacto con ellos.
Mmmmm, Fuí al link de Emma, ¿dices que adaptaste los primeros párrafos?, como que me hice pelototas.
Allá se habla de una casamentera y aquí del que se caso y cada año se le mueve el piso de la rutina????
Auchhh, creo qye hoy si no le entendí.
Besos volaoos guapo.
Mafalda
María.
Es sólo un divertimento, no una andanada contra los abogados. De hecho, yo lo soy en parte (aunque público), y vivo rodeado de gente del mismo gremio: Dios nos cría. Así que conozco los dos lados de la barricada: las prisas, la precariedad, los cabreos, el equilibrio...
Muchas gracias por tus palabras.
Un abrazo.
Xris.
Eutrapélica. Esto es de Nobel para arriba.
¡Ahí está la cuentista que se fija en los detalles!
Marta.
Muchas gracias.
Es para tocar la fibra sensible de las (hay muy pocos los) austenitas :))
Un beso.
Mafalda.
Los primeros párrafos no, sólo el primero; cambié a una Emma de 21 años por un Lord Corstorphine de 44. Lo demás es invención propiamente propia.
Y tampoco todos son abogansters; algunos aún no están fichados :D
Besos.
Jajaja :), adorable versión, adorable tema y adorables personajes....
De propina, que con la tía Augusta, una siempre tiene en el bolsillo
http://www.youtube.com/watch?v=EnCNJD3-e7g
Muchas gracias, ElizzyB.
Esos que enlazas sí que son adorables, como su creador. Un ejemplo a seguir.
Publicar un comentario en la entrada