Crónicas romanas (I)
Bien sea por la influencia de Clío o bien por la de Calíope, y teniendo en cuenta que no soy romano, para mí Roma es la infinita extensión minúscula de aquellas siete colinas de su origen, ese triángulo pitagórico comprendido entre la Villa Borghese al norte, el Trastevere al oeste y San Juan de Letrán al este.

Es imposible abarcar en el espacio o en el tiempo (o incluso en el espacio-tiempo) semejante caos de belleza al aire libre, de historia escondida, color, ruido y perpetuum mobile con los escasos miles de millones de neuronas que todavía debe de conservar uno en buen estado. Así que no hagan mucho caso de estas elucubraciones caligráficas, producto indudable del síndrome de Stendhal, y, si acaso, estimúlense más con las fotografías. Valen más que un ciento de entradas de palabrería manida.

Cuadros, estatuas, iglesias, ágoras o templos que, de tanto contemplar en libros de texto, enciclopedias o libros de arte en una infancia y primera juventud en la que no viajaba, o viajaba de forma diferente, cuyas imágenes habían quedado grabadas en el magín de las primeras pasiones que emergen de manera incontenible, salen al paso dolientes y orgullosas. «Soy mucho más que una imagen, mucho más que un simple recuerdo. Soy parte de ti».

Hay lugares cuya contemplación, en cuya estancia me he reencontrado con un pasado, con una existencia anterior.

Eso, en definitiva, es viajar en el tiempo para reencontrarme con el niño, el joven, el fatuo, el soñador, el hambriento de conocimientos, letras e imágenes que fui. Una cuerda espacio-temporal tejida de recuerdos y sensaciones que reafirma por qué y cómo soy lo que soy.

Y en una ciudad de la que se conocen las dotaciones turístico-culturales de preceptiva visita, los transeúntes alevosos y reincidentes tienen la libertad de rastrear sus barrios en busca de fachadas, rincones, patios, plazoletas... es decir, los detalles, que construyen memoria y amor verdaderos en y por ella.

En una ciudad «decadente, ruidosa, caótica y tan bella que casi duele» (César dixit) ha de guiarse el transeúnte por el subconsciente más que por la consciencia.

Y es que no es fácil extraviarse o saciarse en una ciudad a la que no se viaja; porque en Roma se tiene la sensación de no haber salido nunca de casa, o más bien de uno mismo, la sensación de pertenencia de algún modo o en algún tiempo. Una gigantesca magdalena proustiana que evoca por doquier lo ya visto, ya escuchado, ya leído o ya soñado.
Espejo en el Caffè Greco.___
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Technoradas | Roma



15 argumentos:
Comparto tu admiración. Esa capacidad de unificar más de media Europa y mucho más es sencillamente increíble. Imperialistas, sí, pero magníficamente prácticos, inteligentes, alucinantes. Cuando entro al Panteón y veo el cielo a través del óculo, me emociono siempre, ya supieron ellos unificar con la Naturaleza sus obra.
La foto del café, superior.
Me gusta leerte, un abrazo..."¡Están locos estos romanos!"
Encantada de haber dado este paseíto romano (con péplum, sandalias y pecho de lata) contigo.
Bonito paseo por esa ciudad cuna de tantas cosas bellas, entre otras la nuestra propia.
Un saludo
Fernando
Me gusta tu visión sobre Roma. Tan bella y monumental ciudad. Uno se siente ahí como en un viajen al pasado.
Tan bella Roma y tan bella Italia... y nomás de pensar en el Silvio ese, me ta una tristeza enorme.
Un abrazo
El texto tan bello desde lo mas interno de ti que nos habla. El texto mismo te nace, no te sale...
Que envidia poder viajar a Roma contigo alguna vez...soñar no cuesta, a veces duele nada mas...
Las fotos increibles.
Hermoso paseo, me ha encantado, gracias a tus comenatarios y a tu paso por mi casa, me ha encantado tu casa te sigo y seguiremos en contacto,siempre, abrazos de luz desde israel.
Qué puede opinar una eterna amante de Italia, sólo comentarios poco objetivos llenos de una complicidad hartante.
Encontré mi reflejo en tu fotografía del espejo del Caffé Greco, también a unos pasos de este sitio se escribe la historia de Karen en "Sonidos bajo el agua", ¡vaya sorpresa! ¿No te parece? ;-)
Un grande abrazo querido mío.
Un paseo por la Roma eterna con la necesaria parada en el Grecco. ¡Qué envidia!
Noe.
Pues tómate un descansito, que aún hay varios paseos más.
Virgi.
Y se vuelve uno loco, como ellos. Es peligrosa, Roma.
Los romanos fueron los primeros que intentaron dominar a la naturaleza, pero sin aplastarla, con sus puentes, sus viaductos, sus puertos, su red de vías... No hemos sabido aplicar debidamente esa herencia.
Gracias por todo.
Un abrazo.
Marichuy.
Creo que el tal Silvio forma parte del caos en el que están acostumbrados a moverse los italianos; en política y en la vía pública ;) Aunque es un problema, no creo que sea el mayor.
Roma es de las pocas ciudades en las que se siente uno como en una especie de casa propia. Sin saber muy bien por qué, no te sientes ajeno a nada del entorno. Me siento muy a gusto en general en todas las ciudades que me gustan, pero esa concreta sensación sólo la he tenido en Roma. Algo tendrá.
Un abrazo.
Loto.
Qué buena apreciación. Lo cierto es que inspira... no, mejor dicho, como apuntas, algo te saca las palabras de dentro, casi sin querer.
Si los sueños duelen, entonces mejor dormir solamente. Como los buenos españoles.
Y paciencia.
Un besazo.
Arruillo.
Es un privilegio hablar Latín del siglo XXI, por ejemplo.
Muchas gracias por tu visita, es un honor.
Un saludo.
Helen.
Es todo un placer tu visita. Y puedes pasear por aquí como por tu casa. Nos leemos.
Leitraot.
Un abrazo.
Susana.
¡Y tanto que sorpresa!
No sabía nada de eso. ¿Es la misma Karen de Café Toscana?
Me tendrás que contar algo más de ese nuevo retoño.
Qué satisfacción habernos encontrado.
Un abrazo, querida amiga.
César.
Mala gente que es uno, dando envidia con uno de sus maravillosos vermuts en la mano.
Es Roma, la única ciudad europea que he visitado, sí, viajo poco... En tres ocasiones la he disfrutado, ni más ni menos. Y allí fui muy feliz.
Buen yy provechoso viaje por lo que veo...¡ay Roma!
Un saludo maño.
Mamen.
Veo que coincidimos muchos en la felicidad romana. En condiciones normales, se me antoja absurdo no conocer momentos felices entre las calles de esta ciudad.
Un saludo.
Magnifico relato, preciosas fotos, y aquí desde los calores de Madrid, muerta de envidia.
Cuando vi la horrible película de "Angeles y demonios" solo tenía ojos para ver Roma.
Tengo que volver!!! (aunque padezca el síndrome de Stendhal)
Lula.
¿Qué hace una chica como tú viendo una película como ésa?
Vuelve, vuelve, y no te decepcionará, seguro.
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