De la felicidad y las identidades disociativas
«Nunca he tenido la certeza de vivir en un solo mundo, la tranquilidad de una sola pertenencia indudable. (…)
Yo trabajaba en una oficina pero en mi otra vida era un novelista, aunque nadie lo sabía. Publiqué una novela y la escisión, en vez de remediarse, se hizo todavía más profunda. Tomaba un tren o un avión para ir a Madrid a algún encuentro literario y me sentía tan raro entre mis hipotéticos colegas como un funcionario municipal que se ha equivocado de reunión. Pero volvía a Granada y a mi oficina y entre los demás funcionarios me sentía más raro aún. Y en ambos lugares me veía rodeado de gente que parecía tener una idea mucho más sólida de su posición en el mundo. (…)
Yo pensaba que sería una cuestión de tiempo, de madurez. Pero el sentimiento de incertidumbre y provisionalidad me ha seguido acompañando en cada sitio donde he estado, en cada cosa que he hecho. Cobra otras dimensiones con el paso de los años. De joven tenía una idea más heroica de la vocación literaria, que convertía cada libro nuevo en una especie de fatalidad, el fruto de un arrebato cuya misma vehemencia era su justificación y de algún modo excluía la posibilidad del error. Ahora sé que ni el esfuerzo de los cinco sentidos ni la disciplina ni la convicción ni la experiencia bastan muchas veces para salvarlo a uno de la equivocación, y que se puede fracasar y tener éxito al mismo tiempo, y que el significado de cada una de esas dos palabras puede ser tan tramposo, tan equívoco, que más vale no usarlas.»Demasiada felicidad, Antonio Muñoz Molina (artículo publicado en el suplemento Babelia de 19 de septiembre de 2009).
Día tras día, año tras año, desde mi última juventud, la misma sensación de trastorno disociativo que describe el autor ubetense intenta sabotear todos mis esfuerzos para compatibilizar lo incompatible.
No se trata sólo de dar rienda suelta a la pulsión de la palabra escrita; no la condición de inmigrante digital más o menos integrado a través de esta bitácora y de redes sociales varias; ni las responsabilidades que completan el amor por quienes dan un sentido a mi andadura por el mundo; ni tampoco las pertinaces obligaciones cotidianas que, quiérase o no, permiten sustentar todo lo anterior con una firme lisura.
Posiblemente se debe a todo ello junto, amalgamado en una realidad (suponiendo, quizá con ligereza, que sea una realidad) poliédrica, multiforme, en la que me hallo sumido desde hace algún tiempo; una realidad que tiende a centrifugar mis distintas facetas vitales y me obliga al esfuerzo diario de encauzarlas juntas y en una misma dirección a través de unas riendas un tanto resbaladizas, porque todas ellas tienden a llevar rumbos propios, siempre en sentidos divergentes, y a situarse a gran distancia las unas de las otras.
Los contratos administrativos y la aprobación de proyectos de obras muy poco tienen que ver con las sesiones informativas de comienzos de cada curso y las tallas de las camisas de los uniformes del colegio, que a su vez en nada se parecen a un taller de Scratch con sabios aprendices, lo cual no guarda relación alguna con la libreta en la que estoy escribiendo esta entrada (y su contenido)... escribiendo, por cierto, en un parque cercano a mi casa, al tiempo que vigilo a Fernando y a su amigo Álvaro imponiendo el estado de sitio con sus monopatines, mientras mi dueña lleva a Pablo a la pediatra porque ha vomitado en el cole y tiene algo de fiebre. Realidad poliédrica. ¿Me explico?
Con estos mimbres se pueden trenzar pocos cestos de gloria, fama y posteridad que, confiteor, quizá pudiera haber imaginado en tiempos juveniles. Basta dar un repaso a las biografías de todos los clásicos, antiguos o contemporáneos, para darse cuenta de que las letras se llevan mal con los pañales o con la función pública. Pero la madurez me ha traído un excepcional regalo en forma de vacuna contra la vana-gloria; un regalo que se traduce como: ¿y qué?
Cambio gloria por felicidad. Felicidad en mano por gloria volando.
Y vuelvo al artículo de Muñoz Molina:
No se trata sólo de dar rienda suelta a la pulsión de la palabra escrita; no la condición de inmigrante digital más o menos integrado a través de esta bitácora y de redes sociales varias; ni las responsabilidades que completan el amor por quienes dan un sentido a mi andadura por el mundo; ni tampoco las pertinaces obligaciones cotidianas que, quiérase o no, permiten sustentar todo lo anterior con una firme lisura.
Posiblemente se debe a todo ello junto, amalgamado en una realidad (suponiendo, quizá con ligereza, que sea una realidad) poliédrica, multiforme, en la que me hallo sumido desde hace algún tiempo; una realidad que tiende a centrifugar mis distintas facetas vitales y me obliga al esfuerzo diario de encauzarlas juntas y en una misma dirección a través de unas riendas un tanto resbaladizas, porque todas ellas tienden a llevar rumbos propios, siempre en sentidos divergentes, y a situarse a gran distancia las unas de las otras.
Los contratos administrativos y la aprobación de proyectos de obras muy poco tienen que ver con las sesiones informativas de comienzos de cada curso y las tallas de las camisas de los uniformes del colegio, que a su vez en nada se parecen a un taller de Scratch con sabios aprendices, lo cual no guarda relación alguna con la libreta en la que estoy escribiendo esta entrada (y su contenido)... escribiendo, por cierto, en un parque cercano a mi casa, al tiempo que vigilo a Fernando y a su amigo Álvaro imponiendo el estado de sitio con sus monopatines, mientras mi dueña lleva a Pablo a la pediatra porque ha vomitado en el cole y tiene algo de fiebre. Realidad poliédrica. ¿Me explico?
Con estos mimbres se pueden trenzar pocos cestos de gloria, fama y posteridad que, confiteor, quizá pudiera haber imaginado en tiempos juveniles. Basta dar un repaso a las biografías de todos los clásicos, antiguos o contemporáneos, para darse cuenta de que las letras se llevan mal con los pañales o con la función pública. Pero la madurez me ha traído un excepcional regalo en forma de vacuna contra la vana-gloria; un regalo que se traduce como: ¿y qué?
Cambio gloria por felicidad. Felicidad en mano por gloria volando.
Y vuelvo al artículo de Muñoz Molina:
«Salgo luego a la calle, y como es temprano para la cita del almuerzo me siento en un banco de un pequeño parque a tomar el sol suave de septiembre leyendo el último libro de Alice Munro. El título resuena inesperadamente en mi estado de ánimo: Too Much Happiness. A veces es posible sentir demasiada felicidad. En el banco, a la una de la tarde, entre indigentes adormecidos y madres jóvenes que hablan por el móvil, leyendo al sol a Alice Munro -papel y tinta olorosa, encuadernación firme entre las manos-, me encuentro del todo en mi lugar.»

En mi caso, también en un banco del parque, a media tarde, con mi lapicero y mi libreta, viendo jugar a mis dos proyectos de hombres libres y dignos, o jugando directamente con ellos, me encuentro del todo en mi lugar. Lo demás vendrá por añadidura. Sí, a veces es posible sentir demasiada felicidad.
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Etiquetas | identidades disociativas realidad felicidad Muñoz Molina



31 argumentos:
A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores (Lichtenberg).
Prefiero la felicidad de las pequeñas cosas.
«Nunca he tenido la certeza de vivir en un solo mundo, la tranquilidad de una sola pertenencia indudable»
Fernando
Me mataste con esto; me encantó.
Pero más me encanta tu postura ante la vida. Hay una canción de Silvio Rodríguez que dice más o menos así:
"Soy feliz,
soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen
por este día
los muertos de mi felicidad."
Un fuerte abrazo
Creo que así es, ser parte de "una realidad poliédrica" y llegar a comprender que sólo la madurez nos deja entender o desentender mejor para sentir esas satisfacciones que cuentas. Las ideas creadas y figurines, sólo en la imaginación.
)Un gustazo leer este post, la verdad).
No sabes lo que me identifico y a la vez reconcilio conmigo misma y con la vide que llevo al leer este post.
Hasta no hace mucho tiempo me sentía fracasada laboralmente porque teniendo capacidad y un sendero ya trillado, en lo mejor de mi carrera que se diría, me caí del caballo como Santiago y me di cuenta de que ni lo uno(mi familia) ni lo otro(trabajo) funcionaban y ambas facetas tiraban casi literalmente cada uno de uno de mis brazos que a punto estuvieron por partirme por la mitad.
Hoy, al leer este post, acabo de caer en la cuenta de que he cambiado, de que en estos años he sacado adelante lo que más me importaba en la vida y la cosa va encarrilada con relativa armonía.
Ahora me da igual no haber llegado a ser una decoradora afamada, eso no significa que valiese para eso y más. Hay que relajarse y cada día vivir ese día. Nada más. Y mirar lo que tenemos delante, como tú dices, que no es poco! besazos.
Qué bonito.
Espléndido.
Quizás la goma que una todos esos mundos a veces irreconciliables entre sí pueda ser el humor. Sin humor no hay amor, con perdón.
Soberbio...me identifico plenamente; y desde luego no cambio mis momentos felices por un pedazo de gloria, claro que no.Un besazo
Muy bonito.
Aysss que grande eso de tener dos proyectos :D:D
UN beso
Los instantes de FELICIDAD,efímeros pero intensos,claro, por eso y para eso todo.
Un abrazo
Con Muñoz Molina me pasa que no me gustan los 2/3 libros que he leído de él, y sin embargo, sí me gusta en textos cortos.
No sé si leyendo más cosas cambiaría de opinión. Entonces, lo que has colgado hoy lo encuentro tan real y acertado que lo entiendo. También te veo a ti, en el parque, con tus piratillas, y me llega un efluvio dulce, a paz, a juegos, sonrisas, a ternura entre las hojas del otoño.
Muy tierno, un brindis a tu felicidad.
Una entrada encantadora Milord, llena de verdad.
Estamos en el lugar correcto cuando nos sentimos felices o hacemos felices a alguien más, no importa donde ni cuando. Así vale la pena vivir.
Gracias por la visita y sus comentarios siempre tan interesantes. Lo espero como siempre, aunque le aviso que mis entradas por alguna razón no se están actualizando en los blogrolls(típico de Blogger)espero se solucione.
siempre con afecto
LD
Los niños escribencon la cabeza en el suelo cuando caen del tobogán. Es otra forma de gloria y felicidad, batante envidiable, por cierto.
Nunca tuve la certeza de vivir en un solo mundo, y cada día que pasa, va a ser que la tengo menos.
Caleidoscópica realidad, así vamos todos.
Excelente post, Fernando.
Gracias por pasarte pues siempre es un placer leerte y tus comentarios son un encontrarse en mi/tu/su lugar. Llamémosle como quieras.
Mil besos y buen fin de.
Porque los dos en esos momentos estáis solos por dentro con vosotros mismos.
Es breve eso.
Besillos
me negué leer los otros comentarios porque vengo atrapado por molina y tú...
el primero, nada simpático para mí, escribe siempre tan bien como para venderte lo que desea,
tú te desprendes sin romper el ritmo, jazzeramente...
a veces, cuando la felicidad es mucha, me asusto: creo que sólo me queda explotar para integrarme al elaborado, y en ese momento feliz, caos del universo
¡Pensé que estaba leyendo el principio de tu nuevo libro!
Felicidad, siempre me quedo con la felicidad, la gloria se la dejo a otros. Hace un par de años tuve la posibilidad de ascender en el trabajo, no lo logré porque había otra persona muy bien referenciada, todo el mundo me decía que ese puesto tenía que haber sido mío, que me lo merecía, y yo pensaba para mí, calladita y hasta contenta "da igual, así sigo teniendo tiempo libre para el blog y los libros". Si lo hubiese logrado las doce horas diarias de trabajo no me las quitaba nadie, entonces y ahora el blog y los libros me hacían y me hacen feliz, y te aseguro que fue un alivio que no me dieran el puesto.
Un abrazo.
Bueno, bueno Fernando, toda esa música me suena, y además a música celestial. Yo he pasado por mcuhas etapas y he procurado irme adaptando a cada una de ellas para disfrutarlas al máximo, con sus ventajas e inconvenientes y siempe con la escritura de fondo, esa que una vez que la descubres, ya no la dejas; otra cosa son las posibilidades de cada cual. La llegada de los blogs, ha sido como un bálsamo para que podamos contarnos cosas de forma abierta y desinteresada y en mi caso para dar rienda suelta a todo lo que llevo dentro. Muñoz Molina, tiene mucho de todo esto, además de la fortuna de haberse topado con el camino adecuado para poder vivir exclusivamente de lo que le gusta, que no es poco.
Un abrazo
El gran problema es: ¿Hay verdaderos escritores profesionales? Es decir, gentes que no estén disociadas... Seguramente, hay unos pocos, pero muy pocos, porque la mayoría viven más de sus colaboraciones en prensa o en otros lugares que de los derechos de autor, por cuantiosos que éstos sean. Así que todos disociados. Y esto vale también para quienes nos dedicamos a escribir profesionalmente, pero no literatura, sino sobre la habitualmente aburrida cotidianidad.
Disociados porque nos gustaría muchas veces ceder a la tentación de la fábula o añadir un adjetivo que nos está vetado, o hacer una metáfora que quizá muchos lectores de diario parecería inoportuna.
qué dificil es ganarse la vida divirtiendose..
Me han encantado todos los comentarios que he leído, porque veo que el post ha hecho reflexionar a mucha gente, y pensamos o nos preocupan las mismas cosas y podemos llegar a ver la felicidad en aquello que tenemos a mano, y no estar siempre pensando o intentando aquello que no sabemos si alcanzaremos nunca, dejandonos insatisfechos.
Me ha gustado mucho el artículo de Muñoz Molina, el post (of course) y los comentarios de todo el barrio.
Luciana.
Qué buena frase. Aunque el término algo, me parece síntoma de modestia y sutileza.
Ahí está la felicidad verdadera.
Marichuy.
Siempre he pensado que mi felicidad, si acaso, sólo me mata a mí, lentamente. Y mañana será otro día.
Qué gratificante es compartir sensaciones y posturas vitales y recibir comentarios como el tuyo.
Un gran abrazo.
Raquel.
Muchas gracias, es un placer, no me canso de repetirlo.
Es fundamental entender y manejar a disociación entre literatura y vida para no dejarse llevar por esos engañosos figurines, como bien les das imagen.
Un abrazo.
Wode.
Como dice el escritor en ese artículo, el significado de las palabras éxito y fracaso puede ser tramposo y equívoco. La madurez, con todas sus ventajas e inconvenientes, es el momento en que se puede llegar a esta conclusión; supongo que es incompatible con el sentido de la vida alcanzarla antes. A comprender esa secuencia también llegaremos.
Mirar hacia delante plantea nuevas metas. Transmitir lo que hemos aprendido, por ejemplo, es muchísimo más valioso que escribir un libro de éxito (eso tan relativo).
Un gran beso, querida amiga.
Marisa.
¿Verdad que no?
Supongo que es un no cambiar la gloria personal, íntima, por una gloria pública. La posteridad puede ganarse de otro modo que no sea en los libros de texto de literatura del futuro. Si esta última viniera, por casualidad, no la despreciaría en absoluto, no tengo vocación de maldito ni nada de eso; pero no es una aspiración que dependa de uno mismo. La otra, sí.
Un beso.
Cristina.
Lo es, lo es; si no, no estaríamos en este fregado. No es fácil, pero merece la pena.
Muchas gracias.
Y un beso de vuelta.
Virgi.
Sobre los libros de Muñoz Molina entiendo que pueda haber discrepancias, pero sus artículos, al menos los que viene publicando en Babelia en los últimos tiempos, sin duda son muy buenos.
Me conformo con que lo escrito emita efluvios la mitad de tiernos que tu comentario.
Brindo por la felicidad de todos los que compartimos este barrio.
Un beso, Virgi.
Mamen.
De algún modo, reflejándolos, escribiendo sobre ellos, se hacen menos efímeros, y se reviven con más intensidad.
Un abrazo.
Antonio.
El humor es una parte esencial de la vida, tal como la entiendo, es decir, con la mayor dosis posible de amor, y algunas hierbas adicionales de adorno (libros, música y cosas por el estilo suelen darle un sabor muy agradable).
Y así se lo intento transmitir a esos piratas que aún no lo tienen como valor ni como mérito.
Sin perdón.
Lady Darcy.
Bueno, aquí Mr. Retrasos ya tiene una buena excusa para llegar tan tarde a cada uno de los hogares digitales de mi barrio. Pero no dudes que, aunque con retraso, no faltaré.
En los demás encuentro la vida necesaria para mi escritura.
Muchas gracias por ese afecto, que comparto.
Xriss.
Creo que tienes razón. Es más, se escriben a sí mismos, nada menos; porque son los únicos capaces de saber lo que son y describirse sin prejuicios ni ficciones, aunque parezca lo contrario.
Eva.
Leyendo estos comentarios como el tuyo, tengo la inmejorable y feliz sensación de haber acertado de lleno en la diana.
Lo mejor es aceptar esa disociación y adaptarla a nuestras respectivas formas de ser; porque la otra opción, renunciar a alguno de esos mundos, no me parece aceptable, y supongo que en muchos casos ni siquiera sería viable.
Pero lo mejor de todo es ese mi/tu/su compartido.
Un gran beso.
Mita.
Para mí lo breve, si bueno, dos veces breve.
Pero, breve o no, está y estará ahí durante algún tiempo, que espero apurar.
Un beso.
Dante.
Bueno, vender mundos imaginarios, embaucar y engañar es lo que lleva eso de ser escritor. Cada uno puede gustar más o menos, pero siempre reconozco a los que poseen ese talento.
Pero con lo de la imagen jazzera me has matao, Bertini. ¿El cheque te lo mando al portador o nominal?
Lucía.
Me parece que nunca te podremos pagar esa deuda. Y sé a qué te refieres porque he pasado por alguna situación, aunque no igual del todo, bastante parecida. De hecho, durante mucho tiempo (no absoluto, relativo) estuve sin escribir una sola línea, dedicado por completo al trabajo, cuando todavía creía posible la revolución, al menos localizada, en la función pública.
Precioso comentario, Lucía.
Un abrazo.
Arruillo.
Creo que ya sé a qué te refieres. Y comparto las mismas sensaciones: ese adaptarse, esa escritura irrenunciable, esa bendición que han supuesto los blogs para compartir y enlazarnos, para superar la sensación de “isla” e incluso para romper en parte esa disociación entre mundos distintos.
Música celestial.
Un abrazo.
César.
Tienes razón. Sin embargo, hay diferencias. Estoy completamente de acuerdo en cuanto a los periodistas, que os tenéis que ceñir a ciertas normas, formas y deontologías, escribiendo sobre la dura realidad sin poder adornarla, modificarla o incluso crear una nueva al modo de los escritores de literatura.
Y tampoco puede negarse que, de lo que es exclusivamente literatura, muy pocas personas pueden vivir. Pero, de los que podemos llamar escritores profesionales, completan su forma de ganarse la vida con más de lo mismo, es decir, escribiendo: artículos, conferencias, etc. Y un claro ejemplo es el autor al que cito, cuyos artículos en nada tienen que envidiar a sus novelas, si es que son superiores en calidad y contenido.
Jordim.
Es la máxima aspiración humana. Al menos así lo veo yo: sería mi máxima realización.
Quién sabe si algún día...
Dueña.
Ya somos dos. Bueno, desde hace tiempo somos uno, así que huelga decir que pensamos igual.
Así se comprende fácilmente por qué es tan fácil quedarse atrapado en este barrio.
Un beso más.
Y a mi que se me hace un nudo en la garganta leyendo la tranquilidad en tus palabras.Y tantos días escarbando, analizandolo exhaustivamente todo, buscando fallos, negándome a ser feliz. Lo pones en bandeja y haces reflexionar con algo que tenia que dar por sabido y ahora me doy cuanta de que no es así y me siento mal por dejar pasar las mejores oportunidades sin agarrarme fuerte a ellas. No sé Fernando, quizás no sea este el sitio indicado para contar esto pero con tu texto me has hecho pensar en una persona a la que quise mucho. Hoy hace seis meses de la pérdida de mi mejor amigo, decidió volar una madrugada. A él le apasionaba escribir pero se dedicaba a otra cosa con la que mantener su ritmo de vida, su estatus que al final no le valió para nada. Ahora leo por ejemplo el comentario de Lucía y le veo a él, renunciando en el momento oportuno lo que quizás le hubiera dado la fuerza para convertirse en lo que en realidad queria. O simplemente tener el tiempo libre y su propia vida.
Gracias de corazón y enhorabuena por este posteo.
Jo, Fernando,
Tardar, tardaste, pero vaya ¡¡bonito que es tu escrito!!
Todos de una u otra forma, llevamos una vida poliédrica , incluso con caras tan contrastadas que por veces los lados encajan de puro milagro.
Pero al final, como tu dices, una chispa de cordura nos hace reconocer lo verdaderamente importante, esos enanos que corretean un día a nuestro alrededor y al otro ya te miran desde arriba.
¡¡Perseguir un sueño, es uno de los alicientes de la vida, pero, sin que se nos olvide vivir el que tenemos entre las manos!!
Me ha encantado.
Muchos besos.
Eva.
Pues ahora soy yo el que tiene un nudo en el estómago al leer tu comentario.
Creo que vivimos paseando por un alero, y que salir adelante o dar un mal paso y caer al vacío depende de demasiadas cosas; no sólo de nuestros propios actos, sino también de los actos ajenos y del azar. No sólo hay que tener cabeza, sino también suerte, y suerte de tener alguien que nos recuerde cada día, o cada poco tiempo, lo que realmente somos. Yo, que me creo actualmente muy afortunado, he tenido el tino de darme cuenta, y he querido compartirlo con mis lectores.
María.
Cuando intentamos llevar a cabo con tesón nuestros sueños, creo que dejan de serlo, y se convierten en proyectos, proyectos de futuro. Y es que tenemos capacidad para llevar a cabo varios proyectos, a veces paralelos o a veces complementarios, como pueden ser la educación de unos piratillas con el cultivo de la escritura. Esa chispa de cordura, como bien defines, es como la chispa de la bujía que permite encender el motor y mantenerlo en marcha.
Pero también entre los proyectos hay jerarquías y prioridades. Y no pocas veces hay que poner en práctica esas prioridades. Lo importante es saber por qué y vivirlo intensamente. Ahí está el verdadero éxito en la vida. No en la fama y la fortuna.
Muchísimas gracias por comentarios como éste.
Un beso.
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