sábado, noviembre 07, 2009

Lecturas atrasadas

Hace tiempo que no aparecen en este espacio reseñas de los libros que tienen a bien caer en mis manos; tanto los que yo llamo libros amigos como los que, sin serlo, me caen bien (para críticas demoledoras consulten los suplementos literarios). Y como el ritmo de lectura que me permiten las circunstancias ha crecido ligeramente en los últimos meses (los brotes verdes, ya saben), se han acumulado algunas recomendaciones en la lista de pendientes. Así que, aplicando técnicas de reducción de listas de espera, me veo obligado a formar pequeños paquetes por riguroso orden cronológico. Empezando por uno de carácter humorístico.

Humor inglés

Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro), de Jerome K. Jerome.
Título original: Three men in a boat (To Say Nothing of the Dog).
El Cobre Ediciones, 2003.


Las novelas humorísticas inglesas, por regla general, no son un gran continente de ideas filosóficas, ni se encuentran en ellas doctas enseñanzas sobre la vida, ni buscan la transgresión de los esquemas literarios decimonónicos, ni nada de eso. Pero, si uno tiene cierto apego por el humor british style, le ayudan a ser feliz durante el número de horas que conlleva su lectura.
Jerome jamás he leído un prospecto farmacéutico sin llegar inevitablemente a la conclusión de que padece la enfermedad allí descrita, y en su forma más virulenta, valorando en unas ciento siete las enfermedades mortales que acumula. George duerme todos los días en un Banco de la City, de diez a cuatro; salvo los sábados, día en que lo despiertan y lo sacan a las dos. De Harris poco se puede decir, excepto que pesa ochenta kilos y siempre conoce un lugar a la vuelta de la esquina donde se puede obtener algo extraordinario en materia de bebida. Montmorency es el personaje psicológicamente más complejo: según Jerome, su dueño, «viendo a Montmorency, uno se imagina que es un ángel caído del cielo, apartado de la humanidad, por alguna razón, bajo la forma de un pequeño foxterrier. Tiene un aspecto de ay-qué-mundo-más- malvado-es-éste-y-cómo-me-gustaría-hacer-algo-para-mejorarlo que en más de una ocasión ha humedecido los ojos de piadosos ancianos y ancianas»; sin embargo, su idea de la vida consiste en merodear por los establos, reunir una banda compuesta por los perros de peor reputación de la ciudad y conducirles por los barrios bajos a pelear con otros perros de mala reputación.
Por democrática votación, tres contra uno (el uno es Montmorency), un buen día deciden tomarse una semana de vacaciones para remontar el Támesis en una barca, porque necesitan descanso y un cambio completo de aires; la gran tensión cerebral que sufren en sus agitadas vidas les ha producido una depresión generalizada en el sistema, y han de buscar un lugar que restaure su equilibrio mental y donde no haga falta pensar.
El único problema de este libro es que su primera parte, la correspondiente a los preparativos de la expedición, es tan genial que hace palidecer los intentos de igualarla de su segunda parte, una delirante guía de viaje por las riberas de Támesis, desde Kingston hasta Oxford.
La edición citada, que he podido conseguir, a duras penas, no es muy buena (incluso se cita mal su título original), y la traducción, deficiente (por eso no cito al traductor).
Nota curiosa: George Wingrave, descrito en la novela como un empleado de banco, acabaría convirtiéndose en director del Barclays Bank.


Humor francés

13’99 euros, de Frédéric Beigbeder.
Título original: 99 Francs.
Editorial Anagrama, Quinteto, séptima edición, 2009.
Traducción: Sergi Pàmies.


Octave Parango es un publicista de éxito: millonario, alcohólico, cocainómano y putero. Está harto de su trabajo, y por eso quiere que le despidan tras publicar esta novela; y está harto de su vida, por lo que se lanza a una carrera sin freno hacia el abismo. Un tipo despreciable que, sólo cuando la emprende con el mundo con él mismo como martillo, llega a parecer entrañable.
«Me llamo Octave y llevo ropa APC. Soy publicista, eso es, contamino el universo. Soy el tío que os vende mierda. Que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta, retocada con el Photoshop. Imágenes relamidas, músicas pegadizas. Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda. Os llevo tres temporadas de ventaja y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. Hacer que se os caiga la baba, ése es mi sacerdocio. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume». Escrito con un estilo descomedido, a veces soez, y desplegando una honestidad brutal, Beigbeder expresa una visión del mundo poética pero categóricamente pesimista a través del mundo de la publicidad, es decir, la manipulación de las masas, la televisión, el consumismo y todo ese entorno tan arcádico que nos rodea. La frase más citada de esta novela, como muestra de su filosofía es: «La diferencia entre ricos y pobres es que los pobres venden droga para comprarse unas Nike, y los ricos venden sus Nike para comprar droga»; pero, cientos de frases similares martillean la conciencia sin descanso durante su lectura
Lo malo: podría haber sido una novela insuperable de no retorcerse en una segunda parte enloquecida, sin un argumento mínimamente sólido, o a la altura de la corrosiva descripción del mundo publicitario, que es su gran baza.
En todo caso, tengan cuidado: esa sonrisa que se despliega durante la lectura oculta una enorme dosis de sordidez e infelicidad.
Cotilleo: al parecer, Frédéric Beigbeder, ex-creativo de la agencia Young & Rubicam (de la que fue fulminantemente despedido tras publicar 99 francs), fue el autor de la célebre campaña para Wonderbra, protagonizada por Eva Herzigova: «Mírame a los ojos. He dicho a los ojos».

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27 argumentos:

marichuy dijo...

Fernando

Qué bueno eres reseñando libros; provocas unas inmensas ganas de leerlos.

El humor inglés siempre me ha gustado. Este libro, desde la foto de la portada, se antoja. Ojalá algún día llegara a estas tierras aztecas. Ignorancia admitida, ya no hay delito que perseguir (ups): no conozco a este autor.

En cuanto al de Frédéric Beigbeder; de él conozco un poco más, así sea por referencias de sus detractores quienes al parecer, no le perdonan ser un escritor hipermediático.

Y sobre esta historia de los 13.99 euros; cómo no iban a correrlo de la Agencia de Publicidad, si tuvo la peregrina idea de escribir semejantes cosas (debe ser la influencia de su formación como politólogo, al final de cuentas los anuncios publicitarios son como las promesas de campaña de los políticos: puras promesas en falso)

Pero según leía la semana pasada en un periódico mexicano, no es tan mal escritor (y que además, recién ganó un premio que entiendo es muy prestigioso en su tierra:"El Renaudot" por el libro "Un roman français"). Lo mismo que con el inglés, ojalá llegue a tierras aztecas.

Un abrazo y muchas gracias por compartirnos tus lecturas

Javier dijo...

gracias por darnos a conocer un poco más sobre literatura :D

desequilibros dijo...

Leer 13,99 euros fue todo un ejercicio agridulce.
Comparto tu opinión de que la primera parte te provoca una cierta sonrisa cómplice del tipo "ya lo sabía"; pero la segunda se pierde en una trama forzada.
Poro aún así, reconocí en ella muchos de los hábitos de un gremio que no los oculta.

Noemí Pastor dijo...

El francesito es un elemento de cuidao. A mí la novela me puso de muy mala leche ("gano una pastaza, conduzco un cochazo, follo con supermodelos, mi vida es una mierda"), no le encontré demasiado mérito literario y el señor B. anda ahora entronizado con un premio prestigioso en Francia y no se apea del candelabro gracias a su pose de pobre niño rico. Que le den.
Lo siento, intento que me caiga bien, pero no lo consigo. Ayúdenme.

Fernando dijo...

Marichuy.
De ignorancia, poca o nada. Tampoco yo conocía a Jerome hasta hace muy poco, cuando lo vi citado en el blog de Tökland. Normalmente no aparece tampoco en España cuando se habla de antologías o relaciones de escritores británicos, humorísticos o no. Lo que ocurre es que el resto de su obra, por lo que se dice, no debe de estar a la altura de este libro.
En cuanto a Beigbeder, me parece un buen escritor, quizá por haberse curtido en un trabajo de comunicación. El libro está muy bien escrito, con mucha fuerza, a pesar de lo endeble de la trama. Lo que pasa es que se suele identificar “autor mediático” con “autor mediocre”, lo cual es cierto en muchas ocasiones, pero no siempre. Posiblemente lea algo más de él en lo sucesivo.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Javier.
Para eso estamos, vecino, para compartir nuestras ilusiones.
Un saludo.

Fernando dijo...

Rafa.
Todo un placer la coincidencia.
En general, y a pesar de lo que certeramente le atribuye Noemí, ha merecido la pena su lectura.

Fernando dijo...

Noe.
Uy, si nos tuvieran que caer bien los/as autores/as que nos gusta leer, lo tendríamos claro. Conociendo el percal, siquiera de lejos.
Probablemente tengas razón, y se valga del tirón mediático para explotar su pose. Pero esa actitud que comentas, “gano una pastaza, conduzco un cochazo, etc”, más que mala leche me produjo asco: es la mierda que comúnmente se entiende hoy por éxito, y así lo hace ver monsieur B, aunque en el fondo se aproveche de ello.

Arruillo dijo...

Poco puedo aportar a lo dicho hasta ahora, puesto que ni conozco a los autores, ni he leído los libros mencionados. Eso si, me parece una buena reseña que incita a la lectura y eso ya es suficiente para este comentario.
Saludos y gracias por tus visitas.

Lucía dijo...

¡Al libro de "Tres hombres en una barca" le tengo una manía...! Me obligaron a leerlo en el cole en la asignatura de inglés, a mi por aquel entonces el idioma se me daba fatal y no entendía nada del libro y por su culpa y la mía, todo hay que reconocerlo, ese trimestre suspendí. Por todo ello espero que mi rencor a los tres señores sea disculpable.

Del francés he leído críticas buenas pero no he tenido el gusto de hincarle el diente.

Un abrazo.

eva-la-zarzamora dijo...

El inglés no lo he leído, pero me han entrado ganas de hacerlo.
El de Beigbeder, sí, y a veces cuando ando regulín me leo algunas frasecillas y me parto con él.
No me identifico con el personaje pero sí con algunas frases. Me gusta su desparpajo y su cinismo.
No es gran literatura, pero para las lecturas del metro, no está nada mal.
El último que ha sacado me gustó menos, es más, aún no lo terminé.

Besos, Fernando.

sinseso dijo...

hola
ese de los 13 euros pasó por mis manos, casi casi me lo traje de la biblioteca, pero me arrepentí. me arrepentí bien, pienso después de leer tu comentario.

en unos días terminaré la novela que estoy leyendo y la comento. me está gustando, se llama los niños del domingo, de irgman bergman.

saludos,

nancicomansi dijo...

JA,ja,ja...
A mi me pasó lo mismito que a NOEMí Pastor con el francés (mira, quizás por ser mujer, que no me negarás que el chaval es la tira "misógino")me puso de una mala leche que no veas, y no recuerdo así un buen regusto de boca de que su lectura me hubiera encandilado literariamente hablando (oopiniones "gañanas" aparte...)
pero mira, para gustos, colores...

Lo del Inglés ya es diferente... y si tiene un cierto "aire", entre fleático y lacónico a lo "Woodhouse", seguro que me gustaría.
La portada, por cierto, me encanta, es "super-elegante"...;)

besotes!!

Dante B. dijo...

Fernando:
no leí la primera y odié la segunda.
Poco más puedo opinar.
Un abrazo

WODEHOUSE dijo...

Perdona que no te hubiese dado antes mi opinión a lo que me enviaste y que encarpeté y leí con mucha fruicion, exacto, el libro que mencionas de jerome K Jerome es de lo mejorcito que he leído, pero no supera en mi ranking a Wodehouse ni a Waugh, pero...a qúe viene comparar, todos son geniales. Con Jerome K Jerome me pasa lo mismo, yo, por ejemplo, no puedo oir programas de médicos en la radio ya que todos los síntomas me los apropio. Un besazo y muchas gracias por este post y por tu detalle.

José Núñez de Cela dijo...

Tampoco tenía noción del tal Jerome. En cuanto tenga un hueco, intento leerlo, pues me atrae mucho ese tipo de literatura, en especial E.Waugh, Chesterton o Rohald Dahl (aunque literariamente no tengan nada que ver entre sí).

Respecto al otro libro, si está traducido por Sergi Pàmies, ha de merecer la pena!

Un saludo.

Lula Fortune dijo...

Pues me quedo con el humor inglés. Siempre lo entendí mejor, no sé por qué.
Gracias por las recomendaciones, ufff! Siempre que me doy un garbeo por aquí acabo con un montón de deberes jajajaja.
Besitos aplicados.

María dijo...

¡¡Hola Fernando!!

¡¡Jo, hacía siglos que no pasaba por tu casa!!

Tienes que perdonarme, el otro día vi un comentario tuyo en los bajos fondos de mi blog y me dije ¡¡Ha resucitado!! en cuanto pueda, tengo que hacerle una visita y aquí me tienes...
¡¡veo que has estado ocupadísimo, con operaciones de vegetaciones, inundaciones y de todo!!...ja,ja,ja.

Espero que después del caos vuelva la calma a tu vida... Tus dos recomendaciones literarias, parecen más que interesantes. A pesar de que tras estos dos libros intuyo se esconde un cierto sabor, así como agridulce y ligeramente tristón o desencantado de la vida. Me ha encantado esa frase de lo que son los pobres y los ricos...
A veces alucino, con la de grandes filósofos, que caminan anónimamente por las calles.
¿Qué tal tus piratillas?

Muchos besos para ellos y para ti.

Fernando dijo...

Eva.
Bueno, no es gran literatura, pero como bien dices, el desparpajo del narrador provoca risas y sonrisas, aunque sean amargas.
El protagonista es un ser abyecto. Debería suicidarse desde un principio... pero nosotros nos perderíamos la novela y, lo que es peor, M. B se quedaría sin derechos de autor ;D
Besos.

Muchas gracias, Arruillo. Tus visitas proporcionan calidez y animo.
Y un inciso: puestos a elegir, me quedo con el de Jerome, en todo caso.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Lucía.
Pobre Jerome. Disculparemos sobradamente tu rencor por el motivo expuesto. Creo que en inglés será un tanto difícil de entender y de captar sus frecuentes ironías. La culpa es de quien te obligó a leerlo.
Y sobre el francés, hay para todos los gustos. Yo me he quedado, o he intentado quedarme, con lo objetivo.
Un abrazo.

Sinseso.
Hace bastante tiempo leí una novela de Bergman, Las mejores intenciones, y me gustó bastante.
Espero tu reseña.
Un saludo.

Fernando dijo...

Nanci.
El inglés tiene ese mismo aire que describes: cuenta cosas inverosímiles hasta el surrealismo como quien relata un suceso anodino.
La portada es genial, pero ahí se termina toda la genialidad de esta edición, que no me ha gustado.
Ya veo que el francés no cae bien en general a la concurrencia. Me alegro del debate.
Un beso.

Dante.
Hombre, tanto como odiar... Cierto que se hace odioso el protagonista, pero no creo que el autor se llegue a identificar. Pero tampoco pongo la mano en el fuego.
La sinceridad es tu norma.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Wode.
Ni perdono ni nada. Te pasé el escrito para que lo leyeras, y cuando te viniera bien, por supuesto; no para obligación alguna. En este libro yo sí creo que iguala, dentro de las diferencias, como bien dices, a los grandes del género; lo que ocurre es que no debe de tener una obra en general a la misma altura.
Gracias a ti por comentar, querida amiga.
Un beso.

José.
En efecto, aunque los autores que has mencionado poco tienen que ver entre sí, son todos ellos muy buenos y en ocasiones muy divertidos. Salvo a quien no le guste el humor inglés, Tres hombres... no puede decepcionar.
La traducción de Pàmies creo que es muy buena; no la he comparado con el original, claro, pero esas cosas se notan. Como he notado algunas deficiencias en la traducción del de Jerome.
Un saludo.

Fernando dijo...

Lula.
¿Deberes? Que no lea más esa palabra por aquí ;)
Si acaso, como dices, recomendaciones simplemente a tener en cuenta, si es que gustan.
La ironía y la flema se contraponen a la acidez y la contundencia en estos dos libros. A elegir.
Un beso.

María.
Mis piratillas, por regla general, mucho mejor, en todos los sentidos, que sus progenitores, gracias. Creo que ha regresado ya la a veces anhelada rutina.
Bueno, yo no confiaría tanto en la filosofía de los viandantes comunes; suele ser de doble filo. La del escritor francés, y a pesar de la división de opiniones, es muy ácida e incluso misantrópica.
Muchas gracias por estar de nuevo por aquí.

virgi dijo...

Hola Fernando!
El de Jerome no lo conozco, pero por tu reseña me recuerda algo a las cosas de Wodehouse y su manera de relatar la sociedad inglesa. Por lo que dices, me parece que estaría bien leerlo.
A Beigbeder le he leído precisamente este libro y lo encontraba muy lúcido, no sé si demasiado creído...Pero no mejó mucha huella, fíjate que no recuerdo bien lo que dices de la segunda parte!

Un abrazo por abrir sendas, muak!

Fernando dijo...

Virgi.
En efecto, el libro de Jerome tiene mucho en común con los de Wodehouse, aunque no sean iguales en su estilo. Creo que si te gusta el segundo, te gustará el primero.
La acidez extrema y lo categórico del lenguaje de Beigbeder parece que le restan adeptos, al menos en nuestro país, porque en el vecino le tienen en un pedestal. A mí me ha gustado por su látigo más que por lo literario.
Un abrazo.

El futuro bloguero dijo...

Me apetece mucho el inglés, y más con el título, qué bueno. Del francés había oido hablar regular... y creo que pasaré...

Abrazo

Fernando dijo...

FutBlo.
Veo que la tónica general es inclinarse más por el inglés y pasar ampliamente del francés. Más o menos como la educación en idiomas en los colegios ;D
Gracias por tus comentarios, siempre.
Un abrazo.