martes, febrero 09, 2010

Libros: posología y contraindicaciones


Hay quien sufre la compulsión de leer cualquier pedazo de papel impreso que tiene a la vista: ternura sin civilizar. El lector civilizado tiene esos inconvenientes que la lectora salvaje desconoce.

«Todo lector es dueño de un lenguaje encriptado que delinea las fronteras de su reino. En ocasiones ese lenguaje es fácil de entender y las fronteras del reino casi obvias: no es lo mismo decir Paulo Coelho que Mario Levrero; Sidney Sheldon que John Banville; La fortaleza digital que Yo el supremo; Isabel Allende que Grace Paley. Pero en ocasiones el lenguaje se pone muy sutil y entonces tampoco es lo mismo decir El palacio de la luna, de Paul Auster, que El libro de las ilusiones, de Paul Auster; ni decir Coetzee que Sándor Márai; ni decir Salinger y Bukowsky que DeLillo y Pynchon; ni decir Pedro Páramo que Cien años de soledad».

Foto de Lucía con su Tristram Shandy, publicada en el Verano Tökland de fotografía


Leer a toda costa, con el alma encerrada en un corazón de palabras, ideas, historias, mundos, universos. Leer la vida con la mente y el corazón.

Con las buenas lecturas ocurre a veces que unas mismas páginas nos cuentan cosas nuevas. Se recorren a la inversa los caminos, vericuetos y pasadizos por los que se empezó a internar en los reales y ficticios mundos de papel para evaluar cuánto queda de aquel montaraz lector del siglo pasado.

«Formas eficaces de saber: lectores que sienten pánico -y la boca seca y una parálisis en el costado izquierdo y serias dificultades para respirar- cuando alguien les pregunta "si tuvieras que salvar un solo libro de un naufragio, ¿cuál sería?"; lectores que rechinan los dientes -y sudan y ensayan una sonrisa tiesa y piden por favor un vaso de agua- cuando alguien les pregunta "si no pudieras releer más que un solo libro durante el resto de tu vida, ¿cuál sería?"; lectores que sueñan que su biblioteca se inunda y que, mientras nadan en un mar de pulpa de papel, hunden los dedos en cubiertas que se deshacen como mantequilla: lectores que despiertan aullando. Formas eficaces de saber: el grado de envenenamiento, la dependencia del elemento tóxico».

«Libros, instrucciones de uso: declarar en público que no se ha leído el Ulises y mucho menos En busca del tiempo perdido (eso, que era antes inconfesable, ahora se lleva mucho porque habla a las claras de alguien que ha leído tanto que puede declamar esa ignorancia sin ser tildado de bestia). No decir nunca nada malo sobre La conjura de los necios, de John Kennedy Toole (la misma regla es válida para cualquier título de Hunter Thompson, si se está en compañía de periodistas jóvenes). Evitar las siguientes discusiones, por peligrosas, con parejas queridas o amigos entrañables: a favor o en contra de American Psycho, de Breat Easton Ellis; a favor o en contra de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; a favor o en contra de Las Correcciones, de Jonathan Franzen; a favor o en contra de Las benévolas, de Jonathan Littell. Mencionar, en cualquier reunión, al menos una vez a Berger, a Sebald, a Pessoa. Decir, cuando se tenga ocasión, que Sándor Márai es aburrido. Decir, con la vista perdida en el fondo de un vaso, que Truman Capote era manipulador. Decir, con un suspiro, que las novelas de Cortázar envejecieron mal, pero que en cambio, ah, sus cuentos».
(...)
«Llevar bajo el brazo, al primer encuentro con un desconocido, un ejemplar de La tierra baldía, de T. S. Eliot. Llevar bajo el brazo, al primer encuentro con un desconocido, el Gödel, Escher, Bach, de Douglas R. Hofstadter. Llevar bajo el brazo, al primer encuentro con un desconocido, Armonía celestial, de Peter Esterházy. O El oficio de vivir, de Cesare Pavese, o Luz de agosto, de William Faulkner, o las Confesiones, de San Agustín, o La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, o Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Celine, o Noche sin fortuna, de Andrés Caicedo, o El mundo según Garp, de John Irving. Esa sutil demarcación del territorio, esa forma de decir, sin decirlo, soy elegante y levemente trágico, soy específico, soy muy sofisticado, soy tan oscuro que casi adolescente, soy clásico, soy bien distinto, soy muy moderno, ojo conmigo, soy enterado, soy muy feliz».

Veneciano de toda la vida leyendo sobre su lancha en el otoño de Torcello
(otra muesca en mi curriculum de voyeur)


Una utilidad más de los blogs: expresar al mundo ideas propias sobre la indomabilidad de la lectura y la percepción musical en general, y de la sensibilidad de melómanos y lectópatas en particular. Con la audición musical cultivada con estudios ocurre lo mismo que con la lectura: el refinamiento, las orientaciones y la selección minan el terreno de la inocencia.

Salvo que esté muy conservatorizado o muy filologizada, el musicómano y la lectomaníaca de verdad nunca dejan de lado el salvajismo, la pureza que otorga al espíritu un sentido inaprehensible, la insaciabilidad que lleva a reproducir en la mente una y otra vez esos compases, esos párrafos primordiales que ningún canon puede encorsetar, mucho después de cerrado el libro (el lector electrónico) o apagado el fonógrafo (el mp3 ó iPod).

«Sea como fuere, esto sucede una y otra y otra vez: la alegría infantil de sumergirse en una conversación inesperada con un completo desconocido para descubrirse, horas después —y bajo toneladas hipercalóricas de "¿leíste a tal?". "¡Sí! ¿Y leíste a tal?". "¡Sí! ¿Y leíste a tal?"—, pensando que ése sí, es el comienzo de una gran amistad».

Leyendo con el corazón, así me tituló el blog de Tökland esta foto


«Porque los libros son una forma de decir no me confundan. Ésta soy yo. En estas cosas creo. Ésta es mi patria».


El texto en color azul corresponde a fragmentos de El lenguaje mudo, artículo de la escritora Leila Guerrero, publicado en Babelia.

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Etiquetas

44 argumentos:

Arruillo dijo...

Hola Fernando, hoy debe ser temprano porque siempre que aparezco por esta ventana me encuentro con la envidia sana de ver tu casa llena de gente, de lo que me alegro mucho.
Respecto a los libros y la lectura, será dificil establecer un criterio único porque nunca mejor dicho aquello de que "cada maestrillo tiene su librillo" y cada cual contará su historia lectora según le haya ido y donde su propia experiencia vital le haya puesto. En mi mente tengo libros que me han marcado y que no necesito releer porque los tengo tan frescos que no importa el paso de los años; otros en cambio leídos hace tres días puede que no me acuerde de nada importante. Procuro ser selectivo por aquello de que no tenemos minutos suficientes para leerlo todo, aunque fuese nuestra única ocupación. En cualquier caso, es una gozada comenzar un nueva lectura, adentrarse en esas páginas que nos están retando a desentrañar su contenido y disfrutar con la actividad lectora.
Luego, cada cual, tiene su metodología, sus preferencias y sus intereses. Así que a leer que son don días.
Un cordial saludo

marichuy dijo...

Fernando

Ese texto "Libros Instrucciones de uso", me hizo reír muchísimo. Pero al final, queda la idea de que para un cierto círculo, leer es, también, un bluff y que dependiendo de las lecturas de uno, se tiene o no un cierto estatus. Si uno se quiere dar baños de muy moderno y actualizado, debe decir que su escritor de cabecera es Paul Auster o Martín Amis y suena a pecado, decir que uno no acaba de enamorarse de Roberto Bolaño y es, cuando menos un arcaísmo, decir que sus noveles de amor favoritas son dos escritas hace más de 150 años: Ana Karenina y Madame Bovary. Pero en otro círculo, es punto menos que pecado mayor es decir que a uno le gustó Crepúsculo (o cómo se llame esa de la saga de vampiros bonitillos sin chiste).

En fin, yo creo que uno lee según sus necesidades, más que cognitivas, emocionales y digamos, espirituales. Se lee también, según el estado del ánimo (o del alma).

Un abrazo

Dante de pan dijo...

Me gustan tus fotos...
Te recordamos este finde, con afecto
Un abrazo

Ra dijo...

Me encantó el artículo de Leila Guerrero cuando lo leí, y ahora. Y de este post me he enamorado.

Mua.

WODEHOUSE dijo...

Magnífico post. Como en literatura en música también hay sus posologías y contraidicaciónes, yo diría sus fundamentalismos.
Pues mira que buen post. me encanta lo de veneciano de toda la vida, a ver si era de tomelloso...solo fue para un par de dias...es que damos por hecho unas cosas sin contrastar,como estos periodistas modernos de hoy dia que están supuestamente suponiendo todo.
Muy buen post, guapetón.

Carmen dijo...

Hola Fernando: Me pasa como a Arruillo, que me sorprende que yo hay podido llegar pronto a una cita incierta.
Me parece que a veces los libros definen a las personas, que se inician como bien dices amistades a través de ellos pero luego doy la vuelta y me miro y pienso si algún libro me define y siento que me falta vida para alcanzar el conocer que otros como tú teneis ya, que hay libros danzando en vuestra memoria que yo envidio aprehender y entonces ... sueño con tener tiempo o mejor menos compromisos y que la vida se ralentizara mientras yo leo....

Eliane dijo...

Fernando: Que dificil comentar tu post! La lectura de libros, el escuchar música, creo que cada persona es diferente y le gustan diferentes cosas... y eso está bien! Cada quien tiene sus gustos sobre libros... en toda mi vida leí una variedad muy grande de libros de distintos temas. Y cada uno lo disfruté! Uno no puede o mejor no debe leer un libro porque lo leyó fulano pero no me gusta ese tema...
Me fuí por las ramas... perdón!
Un abrazo

Raquel dijo...

Coincido con Ra, me encanta este post y comparto mucho de lo que dices.
Un abrazo

desequilibros dijo...

Inescrutuables son los caminos de la lectura…

José Núñez de Cela dijo...

¿dime lo que lees y te diré cómo eres?
Leer es un acto íntimo y profundo, por tanto, depende de la intimidad y profundidad de cada uno y del momento concreto en que te acerques a un tema, a un autor, etc. lamentablemente, el "mercado" tiende a desvirtuar esa relación personal con el libro.
En mi caso, intento evitar las injerencias del mercado diversificando mis lecturas, atendiendo a autores que me interesan especialmente de los que publican actualmente, volviendo a los clásicos cuando me lo pide el cuerpo y con un antídoto que no falla: MONTAIGNE.

Es lo que se me ocurre despues de leer este brillante post. Enhorabuena Fernando!

P.D. Por cierto, ¿conoces la "historia de la Lectura" de Umberto Eco?

Un saludo

María dijo...

No sé Fernando,

a mi me da muchísima envidia ver, lo muchísimo que devoráis algunos. Yo voy poquito a poco, pico de aquí y de allá, pero salvo que inventen días de 48 horas, el tiempo es el que es y llega hasta donde llega...

Con la música es distinto, porque encaja bien con todo y puedes saborearla mientras haces casi todo.

Nunca os pillaré con los libros, pero seguramente a mi tampoco con la música, gracias a ella los minutos se convierten en horas y algunas horas en segundos.


Muchos besos, Fernando.

El futuro bloguero dijo...

Como tantos otros amigos y comentaristas, me encantó leer en Babelia este artículo, y ahora he vuelto a disfrutarlo, iluminado con tus aportaciones.

Un abrazo

V.V. dijo...

Leer, qué placer, solo me falta el tiempo.

Alejandro Kreiner dijo...

No es fácil dar con el libro que necesitamos en cada momento.
Encasillarse en un solo tipo de lectura puede llegar a convertirse en "manía".

Saludos.

Noemí Pastor dijo...

Servidora es una de esas lectoras compulsivas que tienen que leer todo papel que se les pone frente a los ojos. Como también sé leer al revés, a veces he sabido cosas que no tenía que haber sabido.

Luciana dijo...

Me encantó tu entrada. Me considero lectora. Lectora de cualquier cosa que caiga en mis manos, y de cada una, me gusta encontrar algo rescatable.
Los libros son mis tesoros, por lo tanto, no los presto. Sólo dejo ir a otros lugares aquellos a los que no siento tan cercanos a mi.
Cuando mi casa quedó sumergida bajo 1.60 cm de agua, sólo lloré por dos cosas. Mis libros y las viejas fotos de la niñez, todo lo demás me parecía recuperable. Pero arrojar a la basura cientos de libros fue una pesadilla que intento olvidar comprando libros en forma compulsiva. ¿O será sólo una excusa?
Un abrazo.

virgi dijo...

Me considero lectora compulsiva desde la infancia, a pesar de que esta blogadición que tengo últimamente me lleva a escribir más de lo que nunca pensé, con lo que estoy leyendo mucho menos.
En el texto aprece gente que me han marcado, como Proust, Rulfo, Berger o Coetzee. Sin embargo no he leído aún el Ulises ni Las Benévolas. Me entusiasmó El Palacio de la luna o Todos los hermosos caballos. Como bien dice Marichuy, hay escritores a los que volvemos, en mi caso como Zweig o Flaubert (¡Salambó!), Stevenson o la maravilla de Bartleby, de H. Melville...en fin...ya no sé ni pa' que he escrio todo este lío...
que me he puesto poco menos que a hacer un examen de conciencia y me he enrollado...motivación que me das, chico!

¡uf, besos!

Lula Fortune dijo...

Leer "Venezia è un pesce" de Tiziano Scarpa y sentirse en una barca , en Torcello, como un veneciano más...eso también es leer.
Besitos.

Eva- La Zarzamora dijo...

Me gusta conocerme y conocer a alguien a través de sus lecturas, es una manera como otra de empezar una amistad, lo cual no quiere decir que no me guste seguir aprendiendo y leyendo todo lo que me propongan o no y despotricar sobre ciertos libros que me produjeron urticaria nerviosa desde las 10 primeras páginas.

Me gustó el post.
Buen fin de Fernando.

Fernando dijo...

Arruillo.
Coincido en la necesidad de ser selectivo con las lecturas, por la falta de tiempo que todos padecemos, aunque de todos modos habría que ser selectivo ante los productos de las mesas de novedades que hay en las librerías. Pero debo de tener mejor suerte, porque no me ocurre lo de no acordarme de nada importante de un libro reciente o no tan reciente; quizá sea porque no les doy una oportunidad: soy de los que lo abandona sin contemplaciones si en un número bastante de páginas no consigue convencerme.
El acto de abrir un libro por primera vez para adentrarse en su mundo sólo me parece comparable al inicio de un enamoramiento.
Sigamos compartiendo nuestros librillos de maestrillos.
Un saludo.

Fernando dijo...

Marichuy.
Yo tengo que lidiar más en círculos en los que me miran con cara rara por no haber leído ni un solo libro de Dan Brown, de la saga de los vampiros ni de los Millennium de Larsson. En absoluto opino que sean libros malos y que no haya que leerlos: cada cual que se enamore de quien quiera. Ocurre lo mismo que en ese otro extremo, en el que le retiran a uno el saludo si no reza todos los días a San Bukowski y se bate en duelo por DeLillo y demás cofrades.
Se lee, sobre todo, según el estado del alma. Y yo leo por placer, nunca para sufrir. Hedonismo decadente, ni modo.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Pan de Bertini.
Ah, conspiradores... Quousque tandem?
Me alegro mucho.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Ra.
También me hechizó desde el primer momento.
Llevaba algún tiempo rondando la forma de atacarlo, hasta que lo he conseguido, con mayor o menor fortuna. Y me alegro mucho de que guste.
Un beso.

Fernando dijo...

Muchas gracias, Guapetona.
La verdad es que se nota al de toda la vida y al que está allí con cara de confusión (comme moi). Te lo digo yo.
En música puede ser hasta peor el talibanismo, pero llama menos la atención. En lectura hay desafíos vociferantes de uno u otro signo en los suplementos literarios, en blogs y en todo tipo de medios que da para atrás.
Un besazo.

Fernando dijo...

Carmen.
No me sobreestimes. Es cierto que he leído mucho, como todo el mundo que pasa por aquí, pero no tanto como otras muchas personas que me sobrepasan de largo y no tanto como para entender que tengo un nivel superior a nadie.
La lectura es un acto humano libérrimo, absolutamente anárquico, sin regla ni ley alguna; nunca de lee lo bastante, pero tampoco nunca se lee poco. Cada cual sigue la norma y el ritmo que se marca o que nos marcan las circunstancias.
Y sí, la vida se ralentiza mientras leemos; pero así y todo no es suficiente para lo que quisiéramos.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Eliane.
Creo que has llegado, o tienes desde el principio, a la situación ideal de cualquier lector: que cada libro te haya gustado o lo hayas disfrutado en mayor o menor grado.
Los consejos sobre lectura pueden estar bien, pero son sólo algo a considerar, no una regla a seguir.
Lo mejor es irse por las ramas, como las conversaciones que empiezan sobre un tema y acaban en otro muy distinto, después de haber pasado por otros muchos.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Raquel.
Coincides, empezando por el nombre, claro ;D
Es algo que nos une. Entre otras cosas.
Un abrazo.

Fernando dijo...

José.
Muchísimas gracias. Un comentario excelente y certero en mi opinión.
Me parece muy sencillo evitar las injerencias del mercado; basta con ignorarlas, aunque sepamos que están ahí por los suplementos de los periódicos o por las visitas a las librerías.
No conozco el de Eco, pero sí tengo manoseado ya los Ensayos de Montaigne. Es un calmante potentísimo contra la desmoralización o la melancolía.
Un abrazo.

Fernando dijo...

FutBlo.
Me gusta compartir lecturas, adornándolas un poquito...
Gracias, Fut.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Rafael.
Ahí está lo fantástico, ¿verdad?
Y cuanto más, mejor.
Un abrazo.

Fernando dijo...

María.
El famoso tiempo, que a todos nos falta. En cuanto a la música, depende. Sí que es más asequible, pero dependiendo de qué tipo, también necesita su fuerte dosis de atención. Menos mal que los artefactos tipo iPod nos lo han puesto algo más fácil.
A mí me pilláis todo el mundo con los libros. Si hubiera algún tipo de índice para medir niveles y lecturas, yo estaría de los bajitos entre ustedes mi barrio.
Un beso.

Fernando dijo...

VV.
Nos falta todo, entonces. Pero, así y todo, lucharemos por seguir adelante.
Gracias por venir.

Fernando dijo...

Alejandro.
Es que los lectores también estamos clasificados por entomólogos de la lectura: hay un bestiario lector en el que todos estamos en una u otra categoría. Una clase muy extendida de los maniáticos a que te refieres son los novélidos.
Un saludo.

Fernando dijo...

Noe.
Una desgracia como otra cualquiera. Lo digo por experiencia, porque te puedes imaginar que también me ha pasado...

Fernando dijo...

Luciana.
Es sólo una excusa, por supuesto ;D
Por eso, de aquella desgracia yo hubiera llorado por lo mismo. De hecho, me parece algo muy parecido: el poso de los libros y los momentos importantes de nuestra vida están en nuestra mente; pero poder volverlos a tener entre las manos y contemplarlos una y otra vez nos refuerzan, nos llenan de vida. Espero que no me pase algo parecido algún día.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Virgi.
Sutiles mis métodos para sonsacaros información y realizar examen de conciencia, ¿eh? :D Magnífico lío.
Pero tranquila, que en este confesionario no es necesario ni el propósito de enmienda ni acto de contrición. De hecho, están prohibidos.
También a mi me ha dado pereza entrar en Las benévolas y considero que perdí un tiempo valioso (como todo tiempo) de mi vida leyendo Ulises de Joyce. En los demás que citas, coincido plenamente.
También yo escribo casi más que leo desde hace algunos años. Pero, creo que hay un tiempo para todo. También estuvimos durante muchos años leyendo sin parar y sin escribir. Quién sabe lo que haremos dentro de algunos años. O a partir de los 67...
Muchos besos.

Fernando dijo...

Perdona que matice tu comentario, Lula, pero eso es algo más: es leer en la cima del mundo. Es leer la felicidad suprema.
Tengo pedido Venecia es un pez, traducido, claro. Pero dudo que lo pueda leer a medio plazo siquiera, sobre una lancha en Torcello, o en la terraza del Monaco.
Muchos besos.

Fernando dijo...

Eva Zarzamora.
Los libros son para eso también: para adorarlos y para denigrarlos. Yo antes le concedía unas cien páginas a los libros para evitar urticarias; hoy en día no paso de las cincuenta. El tiempo para leer y vivir lo que hay que leer y vivir de verdad es cada vez es más precioso.
Y es verdad: casi se puede conocer a alguien sabiendo únicamente lo que lee y ha leído. Ahora bien, hay que tener buen ojo: mira, si no, a la lectora del artículo, que iba leyendo Manual de caza y pesca para chicas :D
Gracias, Eva.
Un abrazo.

La Lectora Omnivora dijo...

Simplemente brillante. Como tu blog, que conocí hoy. Saludos

Fernando dijo...

Lectora.
Si brilla es por el reflejo de quienes lo leen.
Muchísimas gracias.

augusto rubio acosta dijo...

muy buen texto en de babelia. muy buenas fotos y esa alma de voyeur que siempre es bienvenida en todo lector que se respete.
un abrazo desde perú

Fernando dijo...

Augusto.
Je, je, ya sé que no estoy sólo en esa tendencia voyeur. No sé por qué, es una "patología" bastante común entre los amantes de la lectura. Y entiendo que asomarse a las vidas que contienen los libros es una adorable y adictiva forma de voyeurismo.
Muchas gracias por tu visita.
Nos leemos.

Sobreviviremos dijo...

Me ha gustado mucho esto de "Leer a toda costa, con el alma encerrada en un corazón de palabras, ideas, historias, mundos, universos. Leer la vida con la mente y el corazón"... Y luego escribir. Escribir dejando el rastro de una vida que, caprichosa, a veces no quiere ser relatada.
Muchos saludos Fernando.

Fernando dijo...

Sobreviviremos.
Muchas gracias por esta lectura y el comentario.
Algunos, algunas, no podemos hacer otra cosa, ¿verdad? Hay algo que nos lleva a ello inexorablemente.
El capricho, el azar, la razón y el corazón, todo junto.
Un saludo cariñoso.