jueves, julio 01, 2010

Sobre estados de ánimo: apuntes del natural

Solsticio 5

los días
como galeradas
de la vida

Estado de ánimo 2

intuidas
no
escritas

Roto

sin posibilidad
de enmienda
ni borrón

Estudio para estado de ánimo

sin razón
para
la sinrazón




Nota: Después de las semanas de impedimentos analógicos, espero poder reanudar a partir de esta semana las visitas digitales por mi barrio.

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sábado, junio 12, 2010

Antropología patógena

¡Eh, humano, yo sé quién soy! ¿Y tú?









Una corriente de la antropología filosófica sostiene que el animal humano es un "desertor" de la vida, ha exaltado morbosamente el sentimiento de su propio ser y se vale, para sobrevivir, de meros sucedáneos (idiomas, herramientas) sustitutivos de las verdaderas funciones vitales. Dentro del ser humano se distinguen y luchan entre sí el espíritu (o la razón, la conciencia) y la vida como agentes metafísicos, identificándose la vida con la idea de "alma" y el espíritu con la "inteligencia técnica". El espíritu aparecería como un principio aniquilador de la vida, una fuerza destructora del alma, del valor supremo de la vida, orientándola a la extinción.

El ser humano, a través de su espíritu, ha desarrollado esos sucedáneos instrumentales por hallarse desarmado frente al mundo que le rodea, por estar mucho menos adaptado a su ambiente que los demás animales; de ese modo conduce a la vida tratando de adaptar el medio a sí mismo, ya que no puede adaptarse él mismo al medio. Así, ese animalillo llamado humano podrá pavonearse cuanto quiera en la inmensidad del Universo, sentirse todo lo importante que le plazca en ese minúsculo trozo de la historia terrestre en la que ha estado presente, vanagloriarse de poseer "consciencia", envanecerse de haber producido Estados, obras artísticas, ciencias, instrumentos, idiomas, poemas, etcétera, pero no le sirve para elevarse sobre el animal en zonas del ser o de los valores, sino para ser «más animal que cualquier animal» (Ludwig Klages).

Según Theodor Lessing, el principal publicista de esta teoría, «el humano es un simio fiero que, poco a poco, ha enfermado de megalomanía por su (así llamado) "espíritu"». El espíritu, la cerebralidad que nos convierte en homo sapiens, es decir, el hecho de que una cantidad tan considerable de la energía almacenada vaya a consumirse, no para el conjunto total de su organización, sino exclusivamente para el cerebro, es un faux pas de la vida, un proceso patógeno que conduce a la muerte segura.

¿Qué es la ciencia, el arte, la razón? ¿Qué es el desarrollo superior de la civilización que multiplica nuestra protección y permite que vivan más individuos en una misma comarca? Es un complicado rodeo destinado a cumplir la difícil misión de conservar la especie, una lucha contra la debilidad biológica, la impotencia biológica, la incapacidad de evolución biológica (H. Vaihinger). Un mecanismo, por otra parte, en que la humanidad va cada día enredándose más, por decirlo así, y acabará ahogándose en su propia civilización, que crece paso a paso más allá de la fuerza y de los límites de la voluntad y del espíritu humano, y que se torna más y más indócil, más sujeta a sus propias leyes (O. Spengler).

¿Es realmente cierto todo esto? ¿Tiene plena validez esta corriente filosófica? Probablemente, no, porque tiene más agujeros que un queso emmental. Pero, ¿a que tiene un atractivo turbulento y nada desdeñable?


NOTA: La compilación de ideas sobre esta teoría viene recogida en la obra de Max Scheler: La idea del hombre y la historia (edición manejada: Editorial La Pléyade, Buenos Aires, 1972).

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domingo, junio 06, 2010

Ajuste microeconómico

La graciosa pereza que me envuelve recostado en mi sillón favorito frente a un ventanal con vistas al jardín en la Orangerie del Club Knut, inusualmente tranquilo para un fin de semana poco primaveral, se va a ver un tanto perjudicada por la llegada de mi inveterado colega Jacobo 26. Lo presiento.

Jacobo Ignacio Martínez de la Pedriza y Martínez-Rodas, más conocido entre los cofrades funcionarios como Jacobo 26, por corresponder dicha cifra al mínimo de páginas de cualquiera de sus informes aptos sólo para leer en diagonal después de mucha práctica y trienios acumulados en el expediente personal, se acerca con paso firme pero aspecto dubitativo. Lleva en la mano derecha el inevitable dry de esa hora previa al almuerzo sabatino y en la izquierda una hoja de papel de la que no separa la vista. Sin duda no se trata de uno de sus acreditados informes, dada su escasa extensión y el nulo apego al trabajo fuera de la jornada laboral que, junto con edad, carné del club y una confesa tendencia a escuchar los cantos de sirena de la perniciosa socialdemocracia librepensadora, ambos compartimos desde nuestra incontrolada juventud. Cantos irresistibles de sirena que nos llevaron a ingresar, tras nuestra licenciatura en la Universidad Pontificia, en el Servicio Jurídico del Estado como files servidores de la res publica y el interés general; un grave tropiezo a los ojos de nuestras familias, para quienes actuamos «como si fuérais unos middle class cualquiera del laborismo radical».

Me saluda con un leve gesto de su copa, pero no aparta la mirada del papel. Se sienta en un sillón contiguo y repara en mi copa vacía. «Un jerez para mi amigo y otro martini para mí, por favor», demanda al ocioso camarero. De numerosos cofrades del Knut se podrían tomar palabras tales como el paso previo a un sablazo en toda regla, pero justo es reconocer que Jacobo es la generosidad personificada.

Con la llegada de las bebidas deja de lado su lectura y deposita el papel sobre la mesa.
―Quiero tu opinión sincera sobre este asunto.
―¿De qué se trata? ―pregunto algo intrigado.
―Es el borrador de una nota que quiero enviar al director de la sucursal de mi banco el próximo lunes. Me gustaría que tú, que tienes cierto estilo en tus escritos oficiales, me corrigieras lo que consideres superfluo o poco elegante.

Tomo el papel y leo.
«Muy señores míos:
Por la presente lamento comunicarles que he decidido recortar en un 5% el importe de la cuota mensual de la hipoteca que tengo suscrita con su banco. Ha sido una decisión difícil, pero me es imprescindible ajustar los gastos para salvar mi economía particular y reducir mi galopante déficit microeconómico.
En situaciones críticas como ésta es cuando todos debemos arrimar el hombro, por lo que les pido comprensión y solidaridad para con tan dolorosa medida.
Al fin y al cabo yo, como el resto de ciudadanos, colaboré en su día en la inyección de liquidez que recibieron ustedes a modo de salvavidas del sistema financiero nacional, por lo que ahora corresponde en justicia que paguen pecadores por justos.
En realidad me he visto forzado a tomar esta decisión porque mis familiares consanguíneos y políticos, al haber tenido conocimiento indirecto del estado de mis finanzas, temen verse en la penosa obligación de prestarme dinero a fondo perdido y ustedes, como banqueros que son, conocen mejor que nadie el sinsentido de toda aportación de capital que no traiga de vuelta pingües beneficios.
Me he documentado al respecto y he llegado a la conclusión de que es lícito tomar este tipo de decisiones de forma unilateral y sin previa negociación (hay precedentes paralegales, acogiéndome en tal sentido a las declaraciones del Presidente del Gobierno en el Congreso el pasado 12 de mayo).
Atentamente,
J. I. Martínez, un funcionario hipotecado.
P.S. Aprovecho la ocasión para comunicarles que ya dispongo de suficientes baterías de cocina y pequeños electrodomésticos, por lo cual no necesito que me ofrezcan ninguna más como contrapartida a mis aportaciones de capital.»
Reconozco que una ola intensa de escepticismo, mezclada con unas gotas de admiración, me sacudió de la primera a la última línea.
―¿Y tú piensas que esto va a...? ―arranqué cauteloso.
―¿Crees que es demasiado duro?
―¿Duro? Yo no lo calificaría así, aunque...
―Entonces se lo enviaré tal cual. Necesitan un correctivo importante.

No puede ocultarse que la generosidad de Jacobo 26 no llega a ser tan proverbial como su ingenuidad. Así que empiezo a estimar el número de leguas a la redonda en que se escucharán las carcajadas de los probos banqueros. Pero antes de llegar a una conclusión recuerdo un dato que puede no resultar banal.

―Por cierto, ¿no pertenece tu señor padre al grupo de accionistas mayoritarios del banco? ―le pregunto de modo retórico.
―No estoy muy seguro, pero creo recordar que así es. Mi padre pertenece al grupo de accionistas mayoritarios de no sé cuantas cosas.
―Entonces yo, en tu lugar, ampliaría ese escueto Martínez y se lo haría llegar a través de una comunicación directa de tu progenitor. Hazme caso.

En ese momento llega el camarero con los ansiados bálsamos anticrisis. A partir del tercer dry mi colega enfocará el asunto con otra perspectiva. Probablemente.

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domingo, mayo 30, 2010

Placeres confesables (o no)

Un minuto de mi eternidad es el blog desde el que Akasha Bowman me ha distinguido con el reto de enumerar siete de los innumerables placeres, grandes o pequeños, efímeros o duraderos, confesables o inconfesables, que este su seguro servidor tiene a bien apurar a lo largo de sus días.

Aunque pudiera parecerlo, no es tarea fácil; al menos no lo es para mí. Por este motivo, y con su permiso, voy a delegar la tarea (no sin cierta dosis de cobardía reconocida) en varios de los personajes que pululan por mis novelas. Amén de ser más interesantes, se expresan mejor que yo.

Sea:

1.
Entrar en el hamam era la única forma que conocía Pablo de detener el tiempo o, al menos, de alargarlo. Allí, una vez cerrados los ojos, soma y alma se escapaban por los poros de la piel gota a gota, disfrazados de sudor, para regenerarse entre aguas calientes, templadas o frías y regresar a su origen. Un ciclo anímico, un tránsito circular, una vida en miniatura. Luego, en el foyer, recostados en cómodos sillones y envueltos de pies a cabeza en toallas calientes, esa vida renovada discurría de boca en boca, de mente en mente, y se difuminaba en bucles de pensamientos y palabras rezumando paz interior. A una indicación del encargado, un chico salía raudo, cruzaba la calle y volvía sosteniendo una bandeja colgante en la que dos vasitos con forma de tulipán se mecían guardando en prodigioso equilibrio la poción mágica llamada té. Sí, Pablo prefería esos momentos en los cuales el keyf tomaba forma, la vida se ensanchaba, fluía majestuosamente a través de un espectáculo reconfortante a la par que misterioso.
El intangible keyf: algo así como armonía, placer, sosiego. El keyf es todo y nada, hacer y no hacer; sentarse a la sombra en verano o al sol en invierno, y convertir el tiempo en aliado; disfrutar de una compañía grata esperando a que se decanten los posos en la taza de café; ver pasar la vida codo a codo con el amigo del alma, con el marido amante, con la abuela sabia, con esa hija pequeña que tararea su primera canción...


2.
Se levantó para apagar la luz y regresó a su sillón. Le gustaba la penumbra, el silencio, la bahía iluminada, el cabello revuelto de Nora… Su intención era disfrutar de todo ello el mayor tiempo posible, como hacen los niños cuando algo les agrada; como hace la mayor parte de los hombres a pesar de haber dejado de ser niños; como hacen los perfectos caballeros, que no son sino una especie de niños refinados. Pero fue otra intención frustrada por el sueño, que le alcanzó despacio, disfrazado de suave complacencia.


3.
Los vasos de ayran fueron reponiendo lo que perdían en las gotitas de sudor que lustraban sus cuerpos. Ella, cerrados los ojos tras las gafas de sol, se abanicaba, daba aire al nirvana provisional en que se hallaba, reuniéndose con su alma en esa nada amniótica convertida en refugio; él, abiertos los ojos tras las gafas de sol, se recreaba en el perfume, en los gestos, en la geografía de la cabeza y extremidades sentadas a su izquierda, imaginando una toponimia singular con que poder distinguirla del resto de los mundos conocidos o imaginados.


4.
Smirna duerme. Acabo de asomarme a su habitación. No está acurrucada, hecha un ovillo contra un lateral de la cuna, sino boca arriba, con los bracitos un poco abiertos y el chupete caído a una costado de su carita de ángel. Relajada por completo. Parece sentirse segura. Al menos esa es la sensación que he tenido. Ya no me pesa tanto la angustia de sus despertares, sus enfados; no sólo porque han remitido algo, sino también porque empiezo a encararlos mejor, con más recursos (los que ella misma me proporciona) y más éxito.


5.
Siempre me ha gustado, me ha apasionado crear, construir, dar una forma real a las cosas que imagino, vencer el reto, calcular las resistencias, eliminar la nada... Ya lo sabéis. Es mi pasión, mi habilidad. No me cuesta nada.

6.
Toman café recostados sobre la almohada. Por las rendijas de la persiana se cuelan unos hilos de luz. Un leve rumor llega de la calle agrietando el silencio.
Ella termina su taza y la deposita con la servilleta en la mesilla. Vuelve a tumbarse acurrucada y se queda mirándole fijamente, con una gravedad serena. Él, entre sorbo y sorbo, le responde con el mismo gesto, si bien éste deriva pronto en una sonrisa contenida.
―Gracias —susurra ella; luego se incorpora para sentarse junto a él, le besa y, sin palabras, le pide que la abrace. Cuando unos brazos grandes y cálidos la rodean cierra los ojos con un gesto de añoranza satisfecha. No tarda mucho en quedarse dormida.



7.
Navegábamos con rumbo oeste una cuarta al sur, después de haber doblado el cabo Villano, con más de doce nudos en la corredera y el viento norte-noroeste por la aleta de estribor. Recibíamos las olas por la amura de estribor, orzando para remontarlas y no recibirlas de través. Al capitán y al patrón les gustaba navegar así, a un descuartelar, al borde del frescachón. Se agarraban al pasamanos de barlovento, irreconocibles bajo los sudestes y las capas de lona encerada que se echaban sobre los chalecos de lana de Guernesey que todos llevábamos, dando órdenes de continuo, atentos al rumbo, a la tensión de la jarcia, al punto exacto de orientación de cada vela, a las olas y al horizonte.



(Fragmentos extraídos de Kismet, Tres Gymnopedias y Las lágrimas de Eurídice)

La segunda parte del reto consiste en trasladarlo a tantos bloggers como placeres descritos, pero es costumbre inmemorial de este territorio trasladarlo a cuantas lectoras y lectores lo deseen. Sean valientes, no como un servidor.

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domingo, mayo 23, 2010

La punta de la aduana

Como le ocurrió a Brodsky, la primera vez que llegué a Venecia era de noche. Noche fría y cerrada, atravesando la laguna. Entreveía maravillas que las luces entreveraban, vencidas por el sueño y la almohada de un cálido hotel.

La primera imagen que recibí de la ciudad a la luz del día fue la Punta della Dogana, la punta de la aduana, con la Giudecca al fondo, bajo un cielo descolorido de finales de octubre.

Los ventanales del salón enfilaban el desayuno con el símbolo de la Punta: la Palla d’Oro que enarbola la Fortuna sobre el globo terráqueo que sostienen dos talantes. Una veleta exacerbadamente barroca y veneciana. Y la memoria se enfilaba con el primer café del primer día.


Casi siempre asocio la primera imagen de una ciudad a su nombre. La memoria construye sus tesoros con imágenes, con fotografías mentales sin las cuales no sabríamos dar un paso detrás de otro forjando nuestro pasado, nuestro ser. Con imágenes, con palabras que, como resortes, las hacen aparecer. Tesoros plenos de libertad, únicos, personalísimos e ilimitados, que nadie sino uno mismo puede domeñar.



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domingo, mayo 16, 2010

Sueño y azar (III). Símbolos y sueños

La vida y los sueños son páginas de un mismo libro. Leerlo en orden es vivir; ojearlo es soñar. Dijo Schopenhauer.




Mis sueños y mis recuerdos, hermanos irreconciliables, pugnan entre sí por predominar.
Porque los sueños se prolongan y pueden vivir por sí mismos más allá de su recuerdo.

Eso que comúnmente se llama vida, es una incómoda, incluso irritante, acumulación de casualidades, una combinación de sueños y azares; hilos de rumbo, de palabras, recuerdos y ceniza con que el azar tamiza esa nuestra materia de la que están hechos los sueños.


Viene de:
Sueño y azar (I)
Sueño y azar (II) La brújula del azar

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domingo, mayo 09, 2010

La imagen 10

Pasemos a algo de tono más ligero.

Lady Darcy, asistente habitual a las reuniones y bailes de este blog, me pasa uno de esos retos lúdicos que de propagan de blog en blog. En este caso la propuesta consiste en elegir una imagen que tenga para mi un valor sentimental o artístico, o bien la imagen favorita de mi blog, o la que haga el número 10 en el orden de entradas del blog.

En primer lugar, opto por la décima imagen publicada en este blog.
Lo crean o no, esta imagen me sirvió para ilustrar un poema de Gioconda Belli en esta entrada. Excentricidades de este servidor de ustedes.


La otra imagen es de las que tienen un valor sentimental muy acusado. También la publiqué en este blog. Una imagen, ésta, que dura algo más de un minuto. Porque hay instantes que no se pueden atrapar. Hay pulsiones que le llevan a uno a vivir con el sobresalto de observar las cosas y no dejar que se pierdan. Supongo que el querer prolongar la fuerza emocional de un instante es uno de esos pecados, como el probar el fruto del árbol de la ciencia, por los que los humanos fuimos expulsados del paraíso. Quizá un favor que nos hicieron.

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martes, mayo 04, 2010

Crisis

Vuelta atrás la vista
a mitad de la jornada:
tanto y tan poco.

Cansancio:
piqueta contra palabras.
No llego a escribir.

Los días fluyen hacia alcantarillas
de la existencia:
la vida escapada.

No soy quien digo ser
sin mentir ni errar:
ideas desechas en su propia niebla.

No puedo lo que no quiero
ni quiero lo que no tengo,
excepto el tiempo.

Buscar un norte,
recobrar, caminar:
cafeína vital.

Cambiar cien futuros volando
por un presente
en la mano.

Cierro los ojos: destenso
las cuerdas vocales
de ilusiones y fantasmagorías.

Abro los ojos: aplazo
el descanso eterno
una y otra vez.




DRAE. Crisis:
3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.
4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.
7. f. Situación dificultosa o complicada.

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domingo, abril 25, 2010

Mi día del libro (II)

Si la cigüeña canta
arriba en el campanario
que no me digan a mí,
que no me digan a mí,
que no es del cielo su canto.



De tal guisa se arrancó mi cronopio más pequeño cuando bajó del autobús escolar el pasado viernes.

En su colegio, como es habitual, celebraron el día del libro a lo grande. Y dedicaron el de este año a la literatura de Andalucía. Como también es costumbre, fueron todos (profesoras incluidas) vestidos ad hoc. Lo que me hubiera gustado estar entre todos esos faralaes y sombreritos cordobeses. Es algo que llevarán por delante, quiero pensar. Si a los cuatro años son capaces de aprender una nana de Alberti, de qué no serán capaces convenientemente educados.

Unos cuantos, o unos pocos, lo serán. Pero qué pesada carga les echaremos encima: ser el puñado de justos que sigan salvando a Sodoma de la quema.

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viernes, abril 23, 2010

Mi día del libro (I)

Algunas recomendaciones para este día de papel y pantallas.



Extraigo de su página en Facebook:
«Tres mujeres de Barcelona –una jefa de división, una empresaria y una funcionaria se matriculan en un postgrado de Marketing de una conocida escuela de negocios con ánimo de progresar en su carrera profesional.
No obstante, a lo largo del curso descubrirán que ser una excelente profesional, una excelente estudiante y, además, una excelente madre, esposa o amante, todo al mismo tiempo, es difícilmente compatible. A resultas de ello, pronto deberán enfrentarse a la pregunta a la que ninguna profesional quiere contestar ¿A qué renunciarías por tu carrera?
Escrita con un estilo ágil, directo y sin circunloquios, Todo tiene un precio representa la consagración de Neus Arqués en su faceta de novelista, al tiempo que constituye el primer gran relato escrito en castellano acerca de las preocupaciones, presiones y quebraderos de cabeza a las que diariamente se enfrentan miles de mujeres profesionales de su generación, las cuales, en su intento por conciliar vida profesional con vida personal, descubren que, por más esfuerzo que se haga y por más empeño que una le ponga, al final... todo tiene un precio».
En su página oficial (o una de varias) se puede acceder al primer capítulo y a enlaces libreros.




«Estamos ante un relato telúrico en el que a los personajes les entra el espíritu de la tierra por las plantas de los pies, como a los árboles por las raíces. Es una historia arraigada al Pirineo navarro, a la casa de Sorogibel y a una mujer, Cataline, que funciona como leit-motiv del clan, como principio y fin de todo lo que ocurre, piedra de toque que pone en marcha comportamientos y esperanzas cuando todo está perdido. Este elemento llega como una reminiscencia del matriarcado tradicional de la zona y hace que la figura de la madre se agigante ganando atributos extraordinarios y cohesionando a pesar de su ausencia a la familia que se desperdiga sin remedio».
Este párrafo es parte de la admirable reseña que la escritora Esther Zorrozua insertó en su blog sobre la última novela de Mikel Alvira, otro colega y (a pesar de ello) amigo de quien ya se reseñó en este territorio su anterior publicación, La playa de las letras.


En cuanto haya leído estas dos opciones haré sus correspondientes reseñas.




Desde la red de bibliotecas municipales del Ayuntamiento en que trabajo se ha publicado un pequeño librito con dos cuentos escritos por Javier de Ríos Briz, otro escritor conterráneo. Les dejo en este enlace su versión electrónica, porque merecen la pena. Por cierto que ambos forman parte de Cuentos para gente impaciente, volumen de relatos que ya fue reseñado en este blog.


Buen día y buenas lecturas tengan todas (y todos) ustedes.

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